"Lo transtextual en Roa Bastos", Eric Courthès, Asunción, CEADUC, BEP, Vol. 67, noviembre de 2006

"Lo transtextual en Roa Bastos", Eric Courthès, Asunción, CEADUC, BEP, Vol. 67, noviembre de 2006
LO TRANSTEXTUAL

EN ROA BASTOS



























© Eric Courthès




















































Tapa : Bernard Claverie






PARATEXTO MACIELANO

LA URDIMBRE DE LO TRANSCRIPTO


Gracias a Eric Courthés cursé mis inicios en la Lingüística, ciencia de la que ignoraba todo, incluyendo lo primordial hasta conocer los asiduos trabajos courthesianos. Ser escritor en el submundo periférico de la América del Sud no puede admitir, además, lujos superfluos. No podemos, con total indigencia de pudor ignorar las bases elementales del instrumento que pretendemos utilizar para crear. Con los libros de Eric se reflexiona en este sentido en todas las direcciones: se disecciona el texto que nos indica, se lo eleva hasta la altura de su hipóstasis, se desciende en las plataformas que lo sustentan, se lo extiende hasta el vertiginoso límite de lo inacabable. Empezamos a intuir que la lengua y el texto encierran complicados universos de relaciones que desconocemos.
¿Qué es un texto? Milagros, la gran Milagros Ezquerro nos lo dice con una precisión arrobadora: “todo lo que tiene que ver con la práctica significante cuyo material es la lengua”. Siento que estamos debatiendo entre amigos y ambos, Milagros y Eric, nos dan las pistas para empezar a sospechar que estamos debatiendo (platicando, diría un mejicano o una mejicana) en un ámbito que es a la vez el material, el símbolo que evoca y la representación que significa para terceros y cuartos y así, en una sucesión que podría abarcar el infinito si tuviese existencia tangible y no fuese, como creemos los poco creedores, un simple concepto demasiado ambicioso.
Eric señala los mecanismos, unidades y relaciones que establece el texto desde el instante de su inscripción en la escritura que lo fija, tomando como referencia la obra literaria que todos heredamos de Augusto Roa Bastos. La escritura de Roa es la urdimbre sobre la cual, con la habilidad propia de quien ha tensado todos los hilos de la trama, Eric nos invita a descomponer y recomponer los pretextos del texto: la intertextualidad donde conviven dos o más escritos que se combinan sin mezclarse; la paratextualidad que ejerce este prefacio que intenta quizás sin éxito, aclarar y reclamar el libro de Courthés que lo continúa con más pericia; la hipertextualidad que une dos escritos: un predecesor (hipotexto) con un sucesor (hipertexto) al que comenta, amplía, enriquece o niega según el mundo de posibilidades que tiene a mano el autor o la autora. Todo lo aplica sistemáticamente Eric Courthés a la obra de Roa Bastos. No se malgasta en actitudes pedagógicas de liceo provincial. No. Courthés incita una y otra vez a entrar y salir de la obra de Roa Bastos a la que otorga una complejidad creciente que enriqueciéndola, nos enriquece enormemente como lectores, como escritores, como estudiosos y finalmente como co-autores como quería don Augusto. Todas y cada una de estas funciones trigonométricas de la

interpretación están a mano en el texto. Nada es inane si ampliamos el horizonte discursivo con los instrumentos que pone a nuestra disposición la crítica literaria que debería generar una sana adicción entre los escritores y las escritoras porque condensa en sí una babilónica fusión de disciplinas (no le es ajena la Teoría Literaria, tampoco elude la Filosofía –sobre todo, la Filosofía Analítica del Lenguaje-, el Estructuralismo y su correlato, el Funcionalismo; la Sociología, la Etnolingüística, la Psicología, la Historia de las Religiones, la Summa de la Cultura que la determina) que nos llegan abonando el terreno sobre el que pretendemos cultivar la letra, el signo, la palabra y el símbolo.
Sea feliz el lector con el libro de Eric y olvídeseme de inmediato. Yo no quiero olvidar a los amigos y amigas citados como testigos en la obra de Courthés: Milagros, la gran Milagros Ezquerro; Alain Sicard, Julien Roger, Jean Andreu, Wladimir Krysinski: todos francófonos que, como Eric me han enriquecido con generosidad.
Una vez más, gracias.

Alejandro Maciel.
































« El rostro y las ropas se engrosaban (en el vagón) y yo imaginaba que a esas personas, la velocidad, les desgarraba el alma”, Memorias de escritor, Carolina Orlando, p. 30


“ Alguien debería escribir alguna vez
la historia de la gente como Maíz... »
Hijo de hombre, Destinados, VII, p 252


I) EL TEXTO Y LAS RELACIONES TRANSTEXTUALES


Según Milagros Ezquerro , el texto es « Desde las inscripciones lapidarias hasta los esloganes publicitarios pasando por las formas orales,...todo lo que tiene que ver con la práctica significante cuyo material es la lengua. » Dentro de ésta, el texto, -del latín textus: 'tejido-', es primero un signo constituido por una red de signos, que van tejiendo relaciones entre sí.

En el marco de una perspectiva semiopragmática por una parte, nos dedicaremos a describir las relaciones transtextuales entre estos signos, entre estos textos, auctoriales o no, y por otra, procuraremos determinar cómo estas combinatorias impactan en el lector, modelo o no.

No bastará con analizar el texto escrito, los diversos hipotextos orales de la obra roabastiana tendrán también su debido examen, sin embargo, descartaremos en este estudio los hipotextos pictóricos que tienen gran relevancia en El fiscal, Madama Sui y Los Conjurados del Quilombo del Gran Chaco. A fin de llevar a cabo nuestra empresa, adoptaremos la tipología de Gérard Genette , el cual distinguía cinco tipos de relaciones transtextuales :


A) La intertextualidad : « relación de copresencia entre dos o varios textos, esto es eidéticamente y las más de las veces, que se manifiesta por la presencia de un texto dentro de otro, »

B) La paratextualidad : « la relación que el texto mantiene, dentro del conjunto formado por una obra literaria, con su paratexto : título, subtítulos, intertítulos ; prefacios, postfacios, notas, prólogos y proemios, etc. »

C) La metatextualidad : « la relación llamada de comentario, que enlaza un texto con otro del cual está hablando, sin citarlo forzosamente. »

D) La arquitextualidad : « El conjunto de las categorías generales, o trascendentales, -tipos de discursos, modos de enunciación, géneros literarios, etc-, que determinan cada texto singular. »

E) La hipertextualidad :“ cualquier relación uniendo un texto B ( hipertexto) con un texto anterior A (hipotexto), que se inserta en aquél de un modo que no sea del comentario. »


Sin embargo, como el propio autor lo señala, estas categorías no son compartimientos estancos, y muy a menudo el sentido y la « significancia » brotan aún más de sus zonas de intersección...

Además se las puede afinar un poquito más, distinguir por ejemplo la hipertextualidad auctorial, muy fuerte en Roa, y la hipertextualidad alógrafa, que los críticos suelen llamar intertextualidad.

Por lo tanto, no abordaremos la primera categoría de Genette bajo este rótulo sino en la parte dedicada a la hipertextualidad alógrafa, los demás conceptos semiológicos tendrán su debido análisis, en el mismo orden propuesto por Genette, salvo al final en que abordaremos primero lo arquitextual para terminar con lo metatextual, por serle ajeno al autor, excepto contadas excepciones de metatextos auctoriales.

El hecho de diferenciar y matizar tanto estas categorías, no puede sino traer sentido nuevo , en este espacio semántico por descubrir que constituye el texto, con sus fronteras inciertas y sus múltiples enlaces, que nos llevan hacia una lectura no lineal e infinita, o más bien « transfinita » , de la obra de Roa Bastos y todas las demás...


2) LO PARATEXTUAL EN ROA

2 A) ECONOMÍA PARATEXTUAL

2 A 1) EL TÍTULO POLISÈMICO


Para rehilar la metáfora habitual desde Borges y Genette, afinándola un poco, si todos los elementos paratextuales constituyen un zaguán o un umbral que uno tiene que franquear para entrar en el libro, entonces el título es sin duda el rótulo que llama con fuerza irresistible al lector, tal como un neón en una noche oscura, forzosamente tiene que atraernos hacia aquella Casa-Libro sin rodeos, recurriendo a mil seducciones y/o sugestiones... Como lo decía Umberto Eco , “ un buen título tiene que enredar las ideas sin acorralarlas », debe decir la mar de cosas, bajo aparente sencillez, sin aclararlas del todo, ya que en este caso se rompe el encanto, debe sugerir seduciendo y en el caso de Hijo de hombre, parece que el autor ha cumplido bastante bien con su meta.

En efecto, en las pragmáticas que asienta con el lector, se lo puede interpretar primero como una tautología , de qué más sino de un hombre puede ser hijo uno... ? Luego un lector un poquito más avezado posiblemente encontrará ahí un préstamo del Antiguo Testamento, confirmado por los tres exergos bíblicos de la obra. Tal vez vea también en el viejo Macario un doble del Profeta Ezequiel, y haga de aquel Hijo de Hombre, un receptor del mensaje divino de Yavé, y por tanto del viejo contador, un enlace hacia la fábula, la ficción. Después, en una segunda o tercera lectura; el lector ya casi modélico para parafrasear a Eco, ya verá en aquel Hijo de Hombre, una réplica de Gaspar Mora, el benefactor de Itapé, el que pese a la destrucción de su cuerpo logra reconstruirse en el aislamiento, y al morir se vuelve objeto del culto sincrético de sus habitantes, mediante su propia réplica, el Cristo de Itapé...


Podríamos aludir también a los Hijos de Hombres dominantes de la obra, tales como Cristóbal Jara o incluso Miguel Vera, puesto que ambos dan una imagen del Hombre rebasando sus límites, afirmando su identidad, más allá de los partidos o las ideologías, a pesar de las faltas del segundo y la ceguera del primero...

Aquella « casi novela » , y su título lo dice de maravillas, constituye pues el lugar de rescate del hombre, ningún rótulo podía dar tanta significancia, con tanta economía de significante, el buen título es polisémico, sea temático como en este caso y/o remático, tiene que procurar que se acumulen las ideas y a veces se enreden :

« Según la exégesis de Sicard, esta cadena de narraciones cortas configuraría una constelación de mitemas en torno al mito central de la redención del hombre como hijo de sus obras. De aquí el título. »

En el caso de Yo el Supremo, un lector un poco ingenuo y a priori podría suponer que aquella obra es la manifestación de un egocentrismo descomunal, pero desde luego ya que el yo del Autor-Compilador está en realidad completamente ausente, sólo puede tratarse del ego del Dictador Supremo, fragmentado en una infidad de voces, bajo el aspecto de un monólogo dialógico.

Este título dice por supuesto la temática de la obra dado que así se designaba a sí mismo José Gaspar Rodríguez de Francia : « Yo el Supremo Dictador de la República », es más vuelve a aparecer en el Pasquín, -lo mismo pasa con el título Hijo de hombre que aparece en el exergo- , pero también es remático, en efecto es evidente que la oposición marcada entre los dos deícticos de persona : YO/EL, dice toda la dualidad de la obra, que se nota en una cantidad de niveles : individuo cambiante/ poder impersonal ; el dictador frente a sí mismo, el Dictador nacido de sí mismo y generador de su doble-persona, y por supuesto todos los dobles que uno puede encontrarle en la obra : Patiño, el Corrector, el Compilador, los hermanos Robertson, Carpincho, todas estas voces « al margen del dicurso » , que hacen de aquel Texto Supremo un mosaico de textos, ya detectable en el título.

Tan remático y temático es Contravida, que dice al mismo tiempo el contenido autobiográfico y el aspecto retrospectivo de la escritura de esta obra, pues uno debe tener cuidado con los títulos en Roa, su significancia a menudo rebasa su aparente sencillez, sólo varias inmersiones en la obra nos permiten revelar su carácter enigmático y captar toda su polisemia.

En la obra de Roa, con gran economía de significante, -en efecto podemos notar que los títulos cortos, en general tipo sintagma nominal, son los más comunes, se deja entrever antes y sobre todo después de la lectura, una transfinidad de significados, conforme a las competencias intertextuales del lector, pero hasta el lector ingenuo sacará mucho provecho de su lectura y terminará integrando la fábula...


2 A 2) LOS PREFACIOS Y LAS NOTAS FINALES

Volvemos a encontrar en los prefacios esta misma capacidad de economía polisémica, primero los prefacios auctoriales son muy pocos, obras fundamentales como Contravida o Yo el Supremo no tienen, los libros de cuentos tampoco tienen, salvo Cuentos completos , y se trata en este caso de un prólogo alógrafo y ulterior a la primera publicación, en realidad sólo Madama Sui, una de las últimas obras, contiene un umbral que se atreve a llamarse prefacio...

En El fiscal un prefacio auctorial y contemporáneo a la publicación parece contradecir lo ya expuesto, pero los únicos prefacios que lo son de verdad, son el de Hijo de hombre, la famosa Nota de Toulouse, posterior de más de veinte años a la primera edición, que nos presenta más allá de la obra revisitada, la « poética de las variaciones... », y la de la adaptación teatral de Yo el Supremo, que en 28 puntos nos prepara a la sublime metamorfosis de su obra mayor.

Roa no procrastina con el Texto, las más de las veces uno entra en él ex abrupto, la ausencia de intertítulos también muy frecuente, lo constriñe al lector a más independencia, él mismo tiene que construir lo paratextual y lo metatextual para no perder el rumbo, en la lectura de aquella obra, cuán única como ya lo veremos más adelante, una obra hipertextual, que forma un todo y se deshace de todas las escorias del texto...

La obra de Roa se inscribe pues en un proceso de economía paratextual en completa contradicción con los juegos de Borges y Macedonio Fernández medio siglo antes, sobre el título-texto para el segundo y los Prólogos para el primero , el Texto en Roa prescinde de umbrales inútiles, y la Nota de Toulouse, cerca de tres páginas, es una notable excepción...


Al respecto, la designación de este prefacio por la palabra Nota, como lo es para la nota prolífica de la adaptación teatral de Yo el Supremo, parece primero constituir una advertencia al lector, en efecto la palabra nota designa según la R.A.E, entre otras denotaciones : ' Advertencia, explicación, comentario o noticia de cualquier clase que en impresos y escritos va fuera del texto', pues se trata de una nota liminar, uno de los parasinónimos de prefacio según Genette .

Lo que es cierto es que se trata de un prefacio, que « se titula a sí mismo « nota » con modestia » , que instituye algo más que un contrato de lectura o un discurso liminar sobre la obra que la sigue, o una simple « explicación » o « advertencia » al lector, de hecho, dice, como lo vamos a ver en adelante, en parte el génesis palingenésico de la obra entera de Roa...

En efecto, conviene entender el concepto de « poética de las variaciones », como un acercamiento ético y estético a su propia obra, que daría rienda suelta a la combinatoria, las variantes, la regeneración permanente de la obra, una práctica eminentemente hipertextual de la cual volveremos a hablar, y que define con mucha precisión en este prefacio :


« Durante más de veinte años, durante toda mi vida, he imitado sin saberlo al viejo Macario, y siento que todo autor, hasta el menos ilustre y capaz y justamente por ello mismo, debe proceder a la ética y a la poética de las variaciones. Lo hace de todos modos, aunque no se lo proponga, de un libro a otro, de tal modo que la última versión es exactamente la negación de la primera. »


En cuanto a las notas finales, -postfaces en francés-, sólo aparece una en toda la obra roabastiana. En cambio un elemento paratextual como De una carta de Rosa Monzón, para Hijo de hombre, amputado de las dos terceras partes, cuando la refundición de la obra en 1982, nos proporciona todas las aclaraciones necesarias sobre el proceso de delegación de la escritura, que acarrea en el autor un regocijo en parapetarse tras una instancia narrativa dominante y polimorfa, como la de Miguel Vera.

Por último, en lo que atañe a la Nota final del Compilador, que concluye tan fenomenalmente Yo el Supremo, también cumple con este papel de esclarecimiento último, de sesión de recapacitación, para los lectores distraídos y extraviados por tanta hipertextualidad. También descarta el rol habitual del autor, que no es sino un compilador, cuyos diferentes colajes y ensamblajes hacen de este libro una obra intensamente hipertextual, como lo comprobaremos en los capítulos siguientes.



2 A 3) LAS DEDICATORIAS Y LOS EPÍGRAFES


Otros márgenes del Texto roabastiano poco estudiados, -y de seguro poco leídos por el lector mediano-, merecen su debido análisis semiopragmático. Primero las dedicatorias que entran en la misma práctica de economía paratextual, de hecho en todo el corpus estudiado,-toda la prosa de Roa menos Vigilia del Almirante-, sólo encontré cuatro, una a Morena Tarsis en El fiscal, el doble literario de su esposa Iris Giménez, que alude claramente a la hipertextualidad de esta obra : « tú me animaste a reescribir esta historia, la viviste tú misma y eres escrita por ella. », y a la autonomía del Texto respecto del personaje y por ende del autor...

Otra refiriéndose al exilio y la muerte del mayor poeta paraguayo según Roa, Hérib Campos Cervera, inauguró en 1953 El trueno entre las páginas y al mismo tiempo la nueva condición de prosista del autor. Por último, la única dedicatoria a su familia, en Hijo de hombre, diferencia netamente la imagen del padre y la madre en el espíritu de un autor marcado por conflictos precoces con su genitor : « A mi padre, a la memoria de mi madre. »

Sin embargo, dedica Contravida a todos los habitantes de Iturbe/Manorá , sin exclusión alguna, ya que aquel pueblito precioso del Guairá, con los pueblos vecinos de Sapucai e Itapé, a unos cien kilómetros al este de Asunción, donde pasó su infancia, es « el idiotopos del productor » , hipotexto natural bilingüe que pasó a casi toda su obra...

El paradigma de los elementos paratextuales incluye también los epígrafes, que no se debe confundir según Genette con los exergos , ya que esta palabra significa literalmente' fuera de la obra', al emplear ésta por aquélla vendríamos a confundir la cosa con su lugar...

Pues los epígrafes tampoco son numerosos, otra vez Yo el Supremo se caracteriza por su pobreza paratextual liminar, tampoco tienen Contravida, Madama Sui, Los conjurados del Quilombo del Gran Chaco, y los libros de cuentos, salvo uno El trueno entre las hojas.

Conviene analizar un poco este epígrafe, puesto en exergo,-o sea fuera del texto o más bien « a la vera del texto » según Genette-. En efecto, en esta leyenda aborigen, se nos sugiere a nosotros lectores dos cosas de suma importancia en su obra, primero que el sentido y la significancia pasan de un elemento a otro más pequeño, a modo de contagio, por ejemplo en la acumulación e imbricación de instancias narrativas en Yo el Supremo. También pasan de una palabra a otra, de una diégesis a otra, de un cuento a otro, de un libro a otro, por ejemplo el cuento La excavación, de El trueno entre las hojas, es el hipotexto de Contravida.

En El fiscal, un epígrafe citando a Samuel Beckett, pone de realce la importancia del narrador y la « decadencia » del autor, que abordaremos en lo de la hipertextualidad auctorial, pero la única obra que muestra cierta riqueza paratextual es Hijo de hombre.


De hecho, además de la sabrosa Nota del autor, que estudiaremos en el capítulo siguiente, contiene este libro un doble epígrafe anterior a la Nota, y un exergo posterior a ésta. ¿ Qué relevancia semiopragmática tiene aquel doble epígrafe ? Primero, dentro del marco de una obra básicamente dual, contrapone al mundo indígena con el paraguayo, el hombre guaraní a quien le sobrevive la palabra, y el hombre cristiano receptor de aquella Palabra divina como el Profeta Ezequiel. Uno es su propio Dios al transmitir Ayvu Rapitá, otro necesita a Dios para ser apartado de su pueblo y elegido por él...

A nivel formal, el equilibrio es casi perfecto entre las tres citas del Antiguo Testamento y los tres versos del Himno de los Muertos de los Guaraníes, pues con la resurrección natural de la palabra de éstos, Roa sobrepasa de entrada el pesado problema de la diglosia, y nos depara una magnífica transculturación textual...

Ya estaba en la primera edición el doble epígrafe, que por añadidura de la Nota de Toulouse hizo exergo la cita de W.B.Yeats : « Cuando retoco mis obras es a mí a quien retoco. », que vino a rematar la Nota de Toulouse. De hecho, Roa no sólo hace variar sus obras con el tiempo, las reescribe, sin vacilar en negar la primera versión, en sucesivos estratos, sino que en cada retoque a su propio ser también va modificando, se reescribe a sí mismo, pasando la energía de la reescritura del objeto-texto al sujeto-autor, íntimamente ligados...


2 B) LAS NOTAS-TEXTOS Y EL TEXTO-NOTAS


No obstante, esta aparente economía paratextual, que hace de los márgenes del Texto roabastiano un casi baldío, siendo los paratextos liminares de Hijo de hombre una notable excepción, conoce una flagrante contradicción en Yo el Supremo. En efecto, si el autor prescinde otra vez de prefacio, nos asesta de entrada el Pasquín, microtexto que lo contiene todo el texto , pero qué Texto ? Un Texto constituido de una transfinidad de textos, entre los cuales las notas tienen un espacio preponderante, de hecho menudean como en una obra historiográfica, sin embargo muy a menudo son diégesis, duplicadas e incluso triplicadas en metadiégesis, y no simples comentarios sobre el texto...

En este ejemplo citado por Alain Sicard , una de las 33 Notas del Compilador, de las 73 notas que hay en toda la obra , no aparece a pie de página del Texto principal, el monólogo dialógico entre el Supremo y Patiño, sino incluida en el texto, que no es más que una de las instancias narradoras del libro : « ( En el cuaderno privado) ». Se la puede considerar pues como la Nota de la Nota, incluso si aquel actante no aparece como tal. Luego dentro de esta Nota del Compilador, se nos cuenta lo de la desaparición real-ficticia de su manuscrito por los propios hermanos Robertson, sin olvidar que dentro de éste, aparece en cursivas el billete anónimo que habrían recibido, y que el Compilador que asume esta Nota de la Nota, se da el lujo de integrar ahí una crítica de Thomas Carlyle sacada de su obra Cartas sobre el Paraguay...

Pero lo más notable, es la declaración en la primera línea del Cuaderno privado : « El Paraguay es una utopía real... », de los hermanos Robertson, que bien podría aplicarse a todo el Texto roabastiano. En efecto, también es una Utopía real, en sus perpetuas “puestas en abismo” provocadas por la proliferación de voces narrativas y Notas, y el conjunto muy intrincado con el Texto primigenio...Todas estas « parábolas del texto ausente », como lo diría Alain Sicard, nos llevan hacia un Texto al mismo tiempo único, completamente hipertextual, y múltiple, saboreando su unicidad en la proliferación de instancias y notas...

Además, lo que nombramos de modo indebido « el Texto primigenio », también tiene un carácter paratextual, puesto que se trata de “Apuntes ”, esto es, la transcripción de todo lo que se dice entre el Supremo y Patiño, pues vendría a ser un Texto-Notas, que a su vez se divide en un aluvión de instancias al margen del Texto, que no se presentan como notas pero que tienen toda la traza de notas : Cuaderno Privado, Circular perpetua, Letra desconocida al margen, etc.

Para terminar, las dos modalidades de texto-paratexto, están plagadas de notas a pie de página o insertas en el texto, las cuales, si sumamos las notas de la edición científica de Cátedra, lo proyectan al lector en una serie de digresiones, que nunca lo hacen volver a un texto, tal como se lo suele concebir, sino a otra nota en realidad, voraginosa tentación de lo infinito...

Ahora bien, entre todas estas formas paratextuales, cuál contituye el Cuerpo del Texto? Nos inclinamos a decir los Apuntes, dado que son dominantes, pero ya que son en realidad notas, no sería acaso el Pasquín de la primera página, no estaríamos en presencia de un Texto-Notas, de glosas polifónicas a partir del Pasquín ? El Texto reducido a su exprexión más sencilla, pero que no lo es en absoluto ...

Texto-Notas o Notas-Texto, Yo el Supremo rompe con los esquemas habituales del género novelesco, y de estas tensiones entre texto y paratexto saca en parte toda su grandeza...

Pues qué podríamos decir ahora de la nota sobre Amadeo Bonpland de la página 418, que se desborda en una cita integral de Macario sacada de Hijo de hombre, de más de una página ? Que las diferentes notas en Yo el Supremo muy a menudo son muestras de hipertextualidad, como ya lo dijimos, con muchas puestas en abismo, de intertextualidad e incluso de autointertextualidad , que también pueden ser metatexto como en el caso de la Nota de Toulouse, y que hasta se puede afirmar que son el mismo Texto, en el caso de Yo el supremo.

La compilación de textos al mismo tiempo heteróclitos y enlazados, que ponen de manifiesto todas las facetas del Ego fragmentado del Supremo, que pasan de paratextos al mismo Texto, que cuenta una historia que nunca habría sido contada, así sería Yo el supremo, una procrastinación de las más sutiles, puesto que cada lector tiene la impresión de que se ha leído un sinfín de historias.

Pero más vale ver en el fluir incesante de esa verbosidad infernal del Supremo, en “ese delirio interior de tipo holofrástico, posterior al pensamiento y anterior al discurso” , una retahila de textos-notas, las más de las veces duales, que van amontonándose. Todos son frutos de este juego entre oralidad y escritura, de la lecto-escritura, los dice primero el Doctor Francia y luego los hace ficción Patiño, que no es sino la mano del Supremo y que saca apuntes muy prolijos.

















3 ) LOS HIPERTEXTOS ROABASTIANOS

3 A ) LOS HIPERTEXTOS ALÓGRAFOS


El texto de Roa, sobre todo a partir de Yo el Supremo , se complace en incluir hipertextos alógrafos, que no se le pueden atribuir al autor, -citas, préstamos, alusiones, plagios, pastiches-, que la crítica tiende a calificar de intertextos, ésta es su primera ruptura con la linearidad del texto y la manifestación de un “semiotopos” profundamente hipertextual, el de un lector-autor que tomó de diferentes fuentes...

En el caso de esta obra, uno presencia un juego con la intertextualidad que rebasa los límites habituales de la novela, y que supone de parte del autor, la voluntad de demostrar que el Texto y por ende el lenguaje no son el atributo de un Autor endiosado, colocado en el centro de “ la circulación de los saberes” , usurpando el lugar del texto, sino un “ patrimonio común que nos toca compartir” , cuya significancia sobrepasa la totalidad de los sentidos encontrados y que tiene que ver también con las diferentes combinatorias que las ensambladuras textuales suponen.

Ya sean fuentes históricas o literarias , lo más notable es su perfecta integración en el Texto, y no sólo por razones gráficas, las notas incluídas en el propio texto por ejemplo, sino también porque el texto y el Autor se aceptan a sí mismos como meras herramientas de la hipertextualidad.





Vamos a tomar de ejemplo la alusión a Raymond Roussel, en una interminable Nota del Compilador de casi ocho páginas, sobre el “portapluma-recuerdo”, ( pp. 329–337 ), la cual está fagocitada por Locus Solus durante casi una página, no por Martial Canterel el personaje de esta ficción del “ más famoso de los no-leídos”, sino por el propio autor, bajo el seudónimo de Raimundo. Su presencia en Asunción, durante la juventud de Roa es de lo más improbable, pero son aquellos anacronismos o “anatopismos” que recorren la obra los que le dan al Texto roabastosiano su propia actualidad...

Pues elegimos esta Nota porque es de sumo interés en el génesis de la escritura de esta obra, es el mismo Locus Solus quien le entrega antes de morir el “portapluma-recuerdo” a Carpincho , siendo a su vez doble del Compilador y por ende del autor. Es más, aquel “objeto imaginario y simbólico” ( p 325 ), según Milagros Ezquerro, que podría condensar la oralidad anterior a la escritura en su fuste, y permitiría vizualizarla al mismo tiempo, sale directo de la obra de Raymond Roussel , y le da aún más relieve a este ejemplo de hipertextualidad alógrafa.

Por lo demás, tras esas largas digresiones, el yo dictatorial y escriptural del textón, -que habría heredado el portapluma animado de un pariente de Patiño-, vuelve a empezar su reflexión sobre la escritura en los apuntes, y uno termina comprendiendo aún más clarito que la magia de Yo el Supremo, no es que no pase nada sino que el discurso parece no avanzar o avanzar por todas partes al mismo tiempo. Ocupa todos los espacios, todos los locus de la escritura, sin fijarse una unidad y límites, como fuera del Texto y del Lenguaje, última manifestación de un hipotexto sonoro y visual, que va desapareciendo fundiéndose en la Escritura, halucinante muestra de hipertextualidad:

« Estos apuntes, estas anotaciones espasmódicas, este discurso que no discurre, este parlante-visible fijado por artificio en la pluma ;...Máquina incrustada en un instrumento escriturario permite ver las cosas fuera del lenguaje. Por mí, sólo por mí. Puesto que lo parlante-visible se destruirá con lo escrito. » ( pp. 336-337 )



Podríamos elegir un montón de hipotextos de este tipo, puesto que muchos textos forasteros están presentes directa o indirectamente en la obra, pero lo más relevante en la obra de Roa, no es la intertextualidad o hipertextualidad alógrafa, ya que es de lo más común en la literatura latinoamericana . En cambio, en el caso de la hipertextualidad auctorial, y sobre todo en el caso de las nociones de “ poética de las variaciones, texto ausente o agujero en el texto”, Roa muestra gran originalidad, es lo que vamos a comprobar ahora


3 B ) LOS HIPERTEXTOS AUCTORIALES


En la obra de Roa, de antemano el texto se inscribe en lo hipertextual, en el pasado o el futuro del texto, nunca en el presente. Primero en el hipotexto oral guaraní, anterior al texto y que lo acondiciona mucho al autor, como lo subraya Roa en la Nota de Toulouse: “ Es un texto en que el escritor no piensa, pero que lo piensa a él.” En efecto, aflora la lengua guaraní en un montón de préstamos, aglutinaciones semánticas y calcos sintácticos, sobre todo en los diálogos, en que se restituye la lengua de los paraguayos. También trasciende la cultura guaraní en la transculturación muy notable que se opera en su ficción, mitos, leyendas, cuentos, canciones guaraní, son hipotextos que le dan toda su autenticidad a la prosa de Roa.

Muy a menudo también se inscribe en la lectura de un texto ausente o presente que lo hace doble, como a lo largo de Yo el Supremo, también es así en todos los cuentos de Moriencia, donde se pone en escena la sustitución del texto ausente por el texto presente:

« Dos textos de los cuales la ausencia del primero es necesariamente la presencia del segundo.....Texto Doble. Texto cuya presencia supone la ausencia de otro texto que revela y oculta a la vez. Texto que sustituye otro texto.»

¿ Qué podríamos opinar en efecto del “-No...-dijo el hombre sin sacar los ojos de la página del libro,” inicial del lector-voyeur de Juegos nocturnos sino que dice a la vez la frustración de la no-lectura de un texto ausente, y la de la no-visión de una escena erótica en la pieza de la casa a la par de la suya, y por ende, otra vez, de una historia que no ha sido contada.






Luego en los diferentes ecos que Roa provoca a lo largo de su obra, surge nuevamente la figura de la oralidad en la repetición de los hechos y los personajes, bastará con recordar aquí lo relevante que son los personajes de enanos en su obra, y sobre todo el Maestro Gaspar Cristaldo, insoslayable desde Nonato hasta Contravida, y pasando desde luego por Hijo de hombre . La hipertextualidad auctorial se comprueba pues primero a nivel de autointertextualidad, otra vez en lo anterior al texto.

En lo posterior al texto, notamos de entrada y en el conjunto de la obra, la escritura no lineal, hecha de una serie de rupturas metadiegéticas, sobre las cuales ya exponemos , la prosus de Roa nunca sigue una línea recta, sino que le encantan las lecturas por diversas sendas. En ello va siguiendo los vericuetos azarosos del Sueño y la Memoria, “ la no linearidad del texto es renunciar a la cronología y a la causalidad como motores de la narración.” La tentación de la multiplicación de las estructuras textuales hacia lo infinito es muy grande en la obra de Roa, casi borgesiana, un Libro en el cual cabrían una transfinidad de libros.

La poética de las variaciones se inscribe pues en la misma lógica de la combinatoria infinita, en la obra de Roa se encuentran los enlaces hipertextuales en distintos niveles, como ya lo comprobamos, las aperturas para el lector son múltiples, y ésta tiene mucha relevancia. Estamos en efecto ante un autor que se niega a la unidad y clausura del texto escrito, por ejemplo Hijo de hombre ha conocido por lo menos cuatro estados sucesivos , Yo el Supremo renació de las cenizas del Supremo en una adaptación teatral diecisiete años más tarde en Toulouse, la versión que conocemos de El fiscal , no es lo que tenía previsto primero el autor. En resumidas cuentas, en la obra de Roa un texto a menudo oculta otro, un palimpsesto que aparece en la punta superior del fuste del portapluma memoria:


« El extremo superior termina en una paleta; lleva una inscripción borrada por huellas de años de mordiscos. « ¡Qué gana un diente dando con otro diente ! », era una de las expresiones preferidas de El Supremo. « Borrar inscripciones con la superposición de otras más visibles, pero más secretas », se habría respondido Èl mismo. » ( p. 329, al comienzo de la Nota del Compilador ).


Por lo demás la obra entera es un ejercicio de re-escritura de tipo hipertextual, incluso uno podría afirmar que está leyendo el mismo Libro en diferentes puntos de su revolución y hasta de su involución, en el caso de Contravida. El mismo Roa, en un brillante ejercicio metatextual admite que escribe a contracorriente, que la construcción de su obra se hace de modo paradójico en la “negatividad deconstructiva”, que le encanta borrar las huellas como Pyta/yovái , hasta que la última versión sea exactamente la negación de la primera:

« ...de suerte que la última versión es exactamente la negación de la obra misma ; acaso de la obra toda de un autor....confirmé, casi diría con estupor, que yo escribía hacia atrás, ...como un cangrejo cronológico ; »

La obra de Roa pues se genera a sí misma, en la deconstrucción y la reconstrucción, tal como el Supremo, pese a su inmovilidad, el texto se inscribe en un movimiento perpetuo, además el autor se desprende del texto y se complace en este papel de simple compilador que en su ficción inserta uno tras otro, retoma, suprime, textos auctoriales o alógrafos, un mosaico textual pues en que el autor y el texto clásicos ya no ocupan el lugar habitual...

Pues el proceso de escritura en Roa muy a menudo es anafórico, remite a un texto anterior del autor o de otro, es el caso en Contravida por ejemplo, que es también una obra que dice un proceso catafórico, ya que anuncia, a pesar de su publicación tardía, toda la obra futura de Roa . El mismo texto aparece pues, bajo diferentes ángulos, como hipertexto o hipotexto, un caso que permite comprobar que todas estas categorías de la semiótica textual pueden resultar trastornadas por un sujeto-autor que saca su inspiración de sus propias fuentes y renuncia a clausurar la escritura...

Por ende el lector de Roa tiene que preguntarse a cada rato de qué hipotexto auctorial procede el texto que está leyendo, por qué agujero en el texto puede dar con el texto ausente, pero también hacia qué hipertexto va dirigiéndose, hacia qué obra en gestación se lo está orientando sin que lo sepa...

“Viejo vicio éste de la escritura. Círculo vicioso que se vuelve virtuoso cuando se cierra hacia afuera.” , en lo anterior o lo posterior al texto, el espiral que evoca esta cita no es sólo la de la evolución o de la involución, se abre hacia lo exterior, hacia el otro, hacia el lector, en infinitas circunvoluciones algorítmicas...

Regocijándose en extremo con una infinidad de textos, o dejando aflorar los textos latentes, el autor Roa nos revela la compleja arquitectura de su escritura. Por tanto presupone, en las pragmáticas que instala, a un super lector, atento a todas las rupturas del textón, a todas las aventuras de los escriptones. Aquel autor es al mismo tiempo un escriptor y un compilador, dejando adivinar lo que es aquel maravilloso juego del “escrutinio de la escritura ”, para quien se presta a la magia de la combinatoria...

La tentación del libro infinito, sin principio ni fin, en que cabría el universo entero, fantasía hipertextual ya presente en Borges en La Biblioteca de Babel, también se manifiesta en Roa. Sin embargo, mientras que el primero a menudo arranca de un libro evocado al comienzo del relato y demuestra que escribir sólo es reproducir lo ya escrito, práctica eminentemente hipertextual si las hay, el segundo evoca a menudo la escritura de lo que está escribiendo, en Yo el Supremo por ejemplo, en circuito cerrado si así cabe decirlo...El primero escribe el Libro del libro, real o apócrifo, que está evocando, mientras que el segundo escribe el Libro de la escritura del Libro que estamos leyendo, -y cuya historia no ha sido contada-, haciéndonos partícipes de aquel regocijo...

En estos postrimeros pasos hipertextuales no podemos sino pensar en el narrador-escritor de La rebelión, novela corta sacada del recueil El baldío, de hecho su escritura que el mismo define como “papirofagia” e incluso “papiropaja” , se opone a la acción revolucionaria de Muleque, dice una involución del texto, una vuelta permanente a su origen y escritura, y no una proyección hacia el otro, una evolución o una revolución. Pero en este caso preciso, como en otros, en varios capítulos de Hijo de hombre o en el cuento El trueno entre las hojas, uno comprueba que las dos vías al final se juntan, que la escritura masturbatoria e incestuosa de Roa, dice muy a menudo una revolución presente o latente en el texto...


4) LO ARQUITEXTUAL EN ROA

4 A) EL GRADO TRANSFINITO DEL SIGNO
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# Posté le dimanche 13 mai 2007 12:30

Modifié le dimanche 13 mai 2007 13:07

"L'Âme-Sud

L'ÂME SUD :

(Récit de voyage en Amérique du Sud, décembre 1982-mai 1983)


« A beau mentir qui vient de loin... »

Hermo de La Corte


Il écoutait, lourdes et pénétrantes, les gouttes de pluie s'abattre sur la gare de Saintes,

il s'agissait d'un véritable déluge, de lourds nuages affolés déversaient des torrents de larmes

par jalets entiers, en ce jour de janvier 1983. Au dehors, d'humbles passants trottaient menu

entre les flaques et se bousculaient aux abords des passerelles improvisées, d'autres s'agglu-

tinaient sous les stores des boutiques, sous les vieux porches de pierre, scrutant le ciel à la

recherche d'un pan d'azur.

Un corbeau qui était venu chercher refuge sous le toit d'acier, s'agitait frénétiquement

sous les poutres rouillées, il ne parvenait plus à prendre son envol, rejeté qu'il était par les

bourrasques de vent dans son refuge de fortune. A présent, épuisé par ses dernières tentatives, il

scrutait, interrogateur, les passagers qui attendaient l'arrivée de la Puerta del Sol.

Il se sentait particulièrement bien, à l'abri, rassuré, il savait que dans quelques minutes

le train-espoir allait absorber toutes ses pensées, il ne comptait plus ni pour rien ni pour

personne, seul et étranger, libre et délivré, il pouvait dire ce jour là qu'il avait tout largué...

Le train était musicien, la pluie métronome, la prose du trans-ibérien en était toute

bouleversée, à son grondement mécanique et régulier venaient s'ajouter les plaintes presque

imperceptibles de son combat dans la tourmente, de fines gouttelettes d'argent venaient

s'insinuer dans sa mélodie, je collais l'oreille contre la vitre pour mieux les écouter : tip, tip,

tip, braoum, braoum, on y va, on arrive, pfitt, pfitt..., les savants musiciens, tous ensemble,

comme à regrets se taisaient...

Alors, seules les lances de Gilgamesh sifflaient de plaisir, elles ne s'avouaient pas

encore vaincues, la Porte du Soleil semblait vaciller sous leurs poussées, des castillans

furibonds tentaient vainement de leur échapper, slalomant entre les parapluies, une jeune fille

et sa mère, par miracle épargnées, parvinrent à atteindre mon compartiment.





La maman avait ces formes arrondies que des années de cuisine à l'huile frelatée

avaient grassement façonnées, elle m'accorda un de ces sourires de cafetería que des

siècles de commérage lui avaient enseigné. Elle me présenta sa toute jeune fille, pommettes

rosées de Valladolid, sa longue chevelure enrubannée de perles de pluie, son doux visage

damasquiné, son sourire enfin, quand elle apprit qu'Hermo était français...En effet, la mère,

comme il sied en ces cas là, lui adressa la parole la première :

- ¿ Dónde vives en Francia ?

- En una isla con una sirena, ahora, quizás esté nadando en mi piscina...

- ¡ Mamá, qué tío más raro, no !

La petite Lolita en riait encore aux éclats, la grosse mamá ne comprenait pas, elle se

décida vite, néanmoins, à lui laisser entamer le dialogue avec Mercé, sa charmante petite fille

qui devait lui trouver l'air romantique...


Un train de nuit entre Bordeaux et Madrid, Hermo, seul, attablé dans ce wagon-

restaurant, contemple l'espace nocturne qui défile sous ses yeux à travers les vitres embuées

du train, pénétrant la sombre et fraîche Castille. « ¡Voy a marcharme !, je vais enfin partir, se

dit-il en entrant à l'aéroport de Barajas à Madrid.

Dans ce gigantesque hall celluloïdal, il lui reste quelques heures à attendre qu'il

occupe nerveusement à griller ses dernières cigarettes, vestiges d'une nuit sans sommeil

peuplée de rêves exotiques.

Cette mégalopole l'a mis sur des charbons ardents, il rêve déjà de plages tranquilles où

il pourra s'ébattre, il sait que bientôt ce ne sera plus un rêve.



Dans cette vieille pension de famille qu'il dénicha la veille de son arrivée à Madrid, où

il lui fallait traverser le comedor surpeuplé, sous le regard amusé de toutes les tías y abuelas

de la famille, pour atteindre la salle de bains, il avait repris goût au bon vieux songe que son

subconscient lui accordait, quand il pouvait enfin accéder au sommeil...C'était pour Hermo

une forme de résurrection...

Il ne comptait plus, ni pour rien ni pour personne, seul et étranger, libre et délivré, il

pouvait sentir ce jour là qu'il avait tout largué...

Il s'éveilla tout d'un coup en sursaut, regarda par le hublot et eut l'ineffable surprise

d'observer de minuscules îlots perchés sur l'épine dorsale de l'Atlantique...Pour un peu, tout

embué se sommeil qu'il était encore, il aurait pu croire à une vision de l'Atlantide, il s'agissait

bien entendu des Açores, îlots volcanique portugais, où il y a peu de temps encore, les balei-

niers pousuivaient, armés de leurs seuls harpons, les énormes cétacés. Tout imprégné qu'il

était de cette magie açorienne d'un autre âge par ses lectures, comment expliquer qu'il se soit

éveillé juste à ce moment-là ? Que ces quelques secondes d'éternité lui aient été accordées ?

Il eut beaucoup de mal à se rendormir...


Le jour se lève sur Récife, qui n'est autre que l'antique Pernambouc, vieux port du

Nordeste brésilien où s'achève son périple aérien. Il est 5h du matin et les trombes d'eau qui

s'abattaient sur la ville ont laissé place à l'aurore tropicale. Dominico, grand routard vénitien

rencontré à la sortie de l'aéroport, l'accompagne dans ses premières démarches pour changer

ses précieux dollars. Tous les bureaux de change étaient fermés, il fallut donc se rabattre sur

les charognards du marché noir...Cent dollars pour atteindre Salvador do Bahia, un bus pris à

la sauvette prêt à accomplir les 2098 km qui les en séparait encore.




Ce qui l'avait frappé d'abord, c'était cette insupportable odeur de putréfaction

organique qu'il sentait par intermittence dans la nuit sombre du Nordeste, quand, seule

personne éveillée dans le bus, il humait l'air tropical par la vitre grande ouverte et cherchait

désespérément les clés olfactives de ce Nouveau Monde.

Il y eut ensuite cette adorable rencontre, interdit par la beauté d'un petit mulâtre à la

peau chocolatée et aux cheveux crépus d'un blond intense, il le prit sur ses genoux, non sans

avoir insisté longuement auprès de sa mère, pour qu'elle le lui offrît...

Quel plus beau phénomène de la miscigènation chère à Jorge AMADO, apôtre

brésilien et de surcroît bahianais du mélange des races, qui l'avait beaucoup influencé avant

son départ de la frileuse Europe...

C'est alors qu'apparut l'un des premiers anges de ce voyage, véritable Otalia, à la peau

que l'on devinait sucrée et au regard de braise, qui sous le prétexte d'une enquête quelconque

pour l'office de tourisme brésilien, ,lui permit d'engager sa première conversation, dans un

mélange approximatif d'espagnol et de rudiments de portugais, appris fiévreusement

quelques jours seulement avant son départ...Le malheureux Hermo n'avait même pas un

centavo en poche, pour lui offrir un cafecinho, ayant englouti ses derniers cruzeiros, dans la

dernière étape entre Maceio et Bahia do Todos Os Santos...

A peine dépaysé, il sentait qu'il avait sa place ici ; ce bain de foule prolongé dans la

Rodovaria : 'gare routière', de Maceio, lui permettait de réaliser une première approche

« ethnographique » de la population anonyme et en transit du Nordeste brésilien. Cette foule

bigarrée où se mêlaient les Mestiços, issus d'unions entre Portugais et Africains, les Caboclos,

de Portugais et d'Amérindiens, et les Cafusos enfin, d' Africains et d'Amérindiens, permettait

d'admirer les variétés ethniques du Brésil, qui devrait être pris en exemple par de nombreuses

autres communautés multiraciales, où le mariage inter-racial, par exemple, était encore tabou...



Il songeait à tous les apartheids du monde, sans se douter encore, que quelque part, une

Elite blanche régnait là aussi en maître absolu ; il pensait qu'une fois de plus, il faudrait que le

Peuple donnât l'exemple...

Il partit à la découverte de Bahia, avec son compagnon de route Dominico, qui était

déjà passé par là et l'accompagna chez un prêtre de sa connaissance, le Padre Benjamin, qui

était en fait l'un des plus célèbres spéculateurs de la ville de tous les Saints, (il en faut pour

tous les goûts), et qui devait changer leurs dollars à un cours avantageux...


Ils l'attendirent dans une merveille d'église coloniale, confinés par les s½urs dans une

Espèce de cellule, discrètement aménagée à l'écart du patio. Hermo découvrit à cette occasion

la chair pulpeuse de la divine mangue rosée, corsetée autour de son trop gros noyau. Ils

patientèrent donc une bonne heure, en péchant dans le jardin du curé défroqué, trop heureux

de se mettre à l'abri de cette insupportable chaleur, qui envahit chaque jour la ville entre midi

et 16h et la fait ressembler à une cité morte, désertée par ses habitants accaparés par la sieste.

Le Padre Benjamin était un petit homme jovial aux yeux pétillants, il était né lui aussi

à Venise et faisait partie de cette non négligeable colonisation italienne de grande partie du

Brésil.

Tout en se remémorant mutuellement la Cité lacustre aux mille canaux, ils arrivèrent

Rapidement à un consensus de cambio et quittèrent l'auguste demeure, tout heureux d'avoir

pu changer le dollar à 480 cruzeiros, ce qui était bien supérieur au cours officiel...

Cette pratique du marché noir, commune à toute l'Amérique Latine, témoigne d'une

inflation galopante et en corollaire d'une érosion monétaire, qui fait considérer le dollar

comme la seule issue possible, pour ceux qui aimeraient quitter le pays ou tout simplement se

mettre à l'abri de toutes contingences...



Bahia, le 31 janvier 1983, une semaine à peine avant le début du légendaire Carnaval,
Hermo en rêvait depuis des mois...

On pouvait admirer dans chaque rue les derniers préparatifs des comparsas ou écoles

de samba, chaque quartier avait la sienne, avec son identité propre, il se souviendrait

longtemps de cette grosse bahianaise aux mamelles généreuses, qui esquissait quelques pas de

samba, de ces hommes attablés dans les cantinas, ivres de cachaça, qui ne parlaient plus que

de ça, de ces enfants rieurs qui lui demandaient l'aumône pour s'acheter les précieux flons-

flons et papelinhos, sans lesquels le Carnaval ne serait plus le Carnaval, de ces petites

mulâtresses aux yeux dorés qui semblaient déjà l'inviter à prendre place dans la samba-

sarabande...

La ville était dans la plus parfaite effervescence, on construisait des gradins de fortune

pour saluer le passage des comparsas, qui pendant une très longue semaine faite de jours et de

nuits de folie, rivaliseraient de grâce, d'audace et de brillant. Les petites couturières

s'abîmaient les yeux depuis des mois à confectionner les plus beaux atours de parade et

Hermo pensait déjà à cette folle semaine qui l'attendait...Il avait choisi de commencer son

voyage, par cette grande Carême fraternelle qui ferait résonner tout entière l'Amérique

Latine de ses refrains lusitaniens vieux de nombreux siècles, couronnés par les percussions

du candomblé africain, le vaudou local d'essence nettement Yoruba, avec en point d'orgue, le

culte à Yemanja, la déesse de la mer et de la fertilité, à qui l'on jette des fleurs tous les ans,

dans l'illustre Baie de Tous Les Saints...



Hermo, par un de ces miracles propres à l'Ame Sud, se retrouva ensuite catapulté par

un bus brinquebalant au c½ur même du Brésil, à Campo Grande, l'une des villes les plus

importantes du Matto Grosso, l'un des berceaux de la civilisation tupí-guaraní,

évoqué par le grand Levi Strauss lui même...

En fait de Nambikwaras ou de Bororos, la ville était devenue un caravansérail hétéroclite d'Asiatiques, de Syriens et de Libanais, qui vivaient de divers commerces et trafics avec la

Bolivie toute proche et les immenses exploitations agricoles ou fazendas des alentours. De

Sao Paulo à ici, il n'y avait rien si ce n'est de grandes prairies tropicales où paissaient de

placides troupeaux de bovidés et, à espaces réguliers, tous les cinquante kilomètres environ,

l'entrée secrète d'une fazenda ; Hermo prit alors conscience de la signification profonde du

mot latifundisme.

Il était attablé par un après-midi long et poussiéreux à la table d'un bar, tenu par un

Chevalier mercantique chinois, dont la fille le regardait de ses yeux d'amande, en train

d'avaler goulûment un verre de lait froid.

Il se souvenait à présent de cette escale impromptue quelques jours plus tôt à Porto

Seguro, petit port de l'Atlantique, entre Bahia et Rio. Cette longue marche en plein soleil vers

la plage, la peau déjà écarlate, le pied droit à peine guéri d'une douloureuse infection à la

cheville, que seule la pénicilline put résorber...La petite cabane de bambous qui se trouvait

sur la dune, semblait s'offrir à lui comme un mirage glacé à l'enseigne Coca-Cola, où il

pourrait étancher une soif inextinguible....Il était environ dix heures du matin quand il y

entra, il en ressortit quand la nuit tombait, non sans avoir bu moult cachaças avec les mauvais

larrons du village, qui ne voulaient plus le laisser partir...


La macuña ou herbe locale se répandait en volutes bleutées au dessus de leurs têtes, ils

étaient tous là assis sur une vieille souche, au bord de la mer, contemplant ce paysage familier

pour eux et pourtant offrant une image différente à chaque fois, ce soleil couchant qu'Hermo,

il le sentait, n'allait plus jamais revoir, auréolé de l'Amitié de la Route, que l'on donne de par

et d'autre à fond, conscients que l'on est tous de son caractère éphémère et unique...

Hermo se laissa porter, il apprécia surtout les silences entre ses hommes qui ne

se verraient plus jamais, il pensait aussi déjà à sa prochaine étape à Rio.

Dans un état proche de l'hallucination rédhibitoire, Hermo grimpa dans un bus à la

Station d'Eunapolis, à peine installé sur son siège, il vit entrer une de ces cariocas, une de

ces merveilles de filles de Rio, qui font se retourner tous les hommes sur leur passage, leurs

regards se croisèrent comme hypnotisés, la facilité déconcertante avec laquelle elle vint

s'asseoir près de lui, n'avait d'égal que sa démarche féline et sensuelle...

Il leur restait quelques minutes avant leur départ, qu'ils mirent à contribution pour

Inhaler (encore...) un petit joint d'herbe locale, roulé dans du papier journal, par ses adorables

petites mains...Ils se connaissaient à peine et ils allaient passer leur première nuit ensemble,

elle était juchée sur ses genoux comme la petite femme de seize ans qu'elle était encore. La

route infinie en perspective, son odeur sauvage de gardienne de chèvres qui l'envoûtait,

Hermo se sentait transporté au delà du monde et aurait voulu que la nuit ne s'achevât

jamais...

Il dut pourtant la quitter à regrets dans un faubourg de Rio, dont elle était issue ; il

avait en poche l'adresse d'une française, Dominique, qui avait décidé de s'installer au Brésil

après la disparition tragique de José, son compagnon, le frère spirituel d'Hermo, (en fait son

cousin germain), qui l'avait initié à nombre de refrains et de pensées et qui un soir de l'été

1982 s'était jeté par la fenêtre de son appartement parisien de la rue Laumière, (sic)...


Il la retrouva dans le hall d'un gigantesque hôtel, d'où elle l'emmena dîner d'une

bonne feijoada, plat national du Brésil, un excellent ragoût de haricots noirs et de porc...
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# Posté le jeudi 10 mai 2007 13:43

Modifié le vendredi 11 mai 2007 06:48

"Voy-âges", Tertuliano Pessoa

VOY-ÂGES


Tertuliano Pessoa




MICKAËL MONTREALIC



« A travers l'écriture l'incrédule cherche dans l'impossibilité du monde le miracle du possible. »

« La folie dit plus de vérités que la confession sous la torture. »

Augusto Roa Bastos, "Moi le Suprême"


Iker Boutin errait souvent dans la rue Saint-Denis de Montréal, en y admirant l'étrange conjonction entre le sexe et l'écrit, et se rendait au "Presse Café", ouvert jour et nuit, au coin de Ontario Street...

Il y fit la connaissance, dès le premier matin, de Mickaël Montrealic, un géant serbe, au front immense et aux larges mains, qui se qualifiait lui-même de lémurien, n'ayant point dormi la nuit, depuis des années...

Il le trouva monologuant au coin de la rue, debout comme à l'accoutumée, planté sur le trottoir dans sa nocturnité...

Comme Iker l'avait souvent remarqué, au cours de ses nombreux périples, les Fous, car c'en était un, avaient coutume de l'interpeller, et ce fut encore le cas ce petit matin là...

M.M. : How do you do ?
I.B.: Fine...
M.M.: Are you french?
I.B.: Sure...
M.M.: I'm Mikael from Montréal, and I'm fighting against the night...
I.B.: Pour ma part, je lutte contre les grasses matinées, mais une bonne sieste est toujours à intégrer à de longues et utiles journées...
M.M. : I'm here for 25 years.
I.B.: Et votre famille?
M.M. : Ils sont là bas en Serbie, ils sont loin...
I.B. : Et comment vous sentez-vous ?
M.M. : Je suis ici seulement comme une possibilité...

Sur le coup, j'ai du éclater de rire, car nul homme, qualifié de sensé, ne m'aurait fait une réponse pareille...


Je travaille, en tant qu'auteur de ces lignes, moi aussi dans la possibilité, îles possibles, textes possibles, et cette rencontre ne fit que me confirmer que la Folie est source de fécondité, de rencontres qui vous font plonger dans l'Ecriture des possibilités...

Je me rendis compte à posteriori que mon personnage d'Iker avait été fasciné par Mickaël, comme si deux lignes, séparées par leurs respectives possibilités, pouvaient provoquer des explosions de « spiritualité »...

Scientiste, cabalistique, Fils d'Homme serbe canadisé, jurant comme un cow boy, sur le trottoir planté, au coin de la rue Saint Denis et d'Ontario Street, Mickaël était beaucoup plus qu'une possibilité, il était l'éternité qui se dessine, dans l'éphémère instantanéité d'une rencontre avec la Folie, qui vient toujours corriger nos trajectoires, nous réorienter...

Et ensuite, Iker prit un taxi pour se rendre dans une île boréale, celle du Prince Edouard, au sud du Golfe de Saint Laurent, quand il passa au coin de la rue, il vit le Grand Mickaël, sur son trottoir planté, dissertant avec lui-même sur nos possibles éternités...


M.M. : Je ne suis ici que comme une possibilité/ horizon possible/ au Port de Montréal/ où l'ancre j'ai jeté/ renonçant au jour/ et à la banale mortalité...

I.B. : Tu dois dormir...

M.M. : Je suis un maki enchanté...

I.B. : Ta folie te maintient éveillé...


Alors le fou éclate de rire, et je dois me regarder...



Montréal, juin 2006


















TAXI-MOMIE


Iker se souvenait à présent, étrange coïncidence et rencontre là encore, d'un vieux chauffeur de taxi, d'Asunción, capitale du lointain et mythique Paraguay, où il avait coutume de se rendre, en tant que chercheur et écrivain « des dimanches et jours fériés »...

Il vint les prendre à la sortie du Manduará , un soir obscur, pour descendre vers la vieille Gare de la Plaza Uruguaya...

Le véhicule était tout aussi antique que son chauffeur et semblait léviter lentement, libéré de la gravité, dans un espace et un temps dignes d'Amoïté ...

Il glissait littéralement par dessus les rails du tramway puis bifurqua vers Mariscal Estigarribia...

Taxi-Momie était de fort petite taille, un chauffeur qui l'aurait croisé n'aurait vu qu'une casquette, maniant avec dextérité une antique Ford Falcon, de triste notoriété...

Il faut ajouter à ceci que le Grand-Père Ezequiel , appelons-le ainsi, ne prononça pas un mot pendant tout le trajet, j'étais scotché sur mon siège par cette irruption de la Mort et son étrange cortège, empreint de banalité...

Je n'en dis rien évidement à ma femme, elle aurait encore pensé à m'envoyer à l'hôpital psychiatrique..

Au bout de dix minutes d'étrange éternité, il nous déposa au Lido Bar, où nous nous sommes régalés d'une soupe de surubí, bienheureux en tout cas pour ma part, d'avoir réintégré la Vie...

10/07/06 (Asunción, juillet août 2005)





RETOUR VERS LA CHIRAQUIE


Je sortirai de Montréal/

Dans un grand boeïng bleu de mer/

L'esprit lavé/

Dans le dédale/

De cette adorable terre.../


Si l'on excepte/

La chasse aux fumeurs/

Les taxes et les pourboires/

Les gens ici/

Donnent l'espoir/

D'un avenir meilleur.../


Des mots pour rire/

Des mots pour croire/

Que la vie ici/

A une autre saveur/

L'air/

Une autre épaisseur/

Que cette lumière/

Du Saint-Laurent/

Pourrait accueillir/

Mes enfants/
Montréal, 11/07/06



PASONEMES


Où mènent ces pas ? Tel Auster, ou son double, dans Cités de verre, Iker trace des trajectoires improbables, de Montréal à Budapest, puis Eindhoven, et pourquoi ?

Pour que ces pas signifient quelque chose ? Comme ceux de Vona, ou son double, dans ses excellentes fictions déambulatoires que constituent Les fenêtres murées ?

De ces pas, dictés par le hasard, quel est le signifié ?

Ne peut-on penser comme le personnage d'Auster, qu'en les retraçant journellement, tout au moins celles du personnage, -que son narrateur- détective poursuit-, on pourrait en déterminer les humeurs du Passant, du Voyageur aspiré par le Néant...

Eindhoven pour bataver au Grasshopers, tout près du Paradis, bien entendu...


Pasonèmes,

Pictogrammes du voyageur,

Sous chaque coup

De semelle

Un signifié,

Un pas qui vient résonner,

Et vous prendre,

Lecteur,

Ou

Liseur

A

Témoin...


Du rien,

De l'improbable,


D'un livre

Qui s'écrit

En chemin...


Place du Marché,

Où les pas

Se sont arrêtés,

Pour ouvrir

La porte,

D'un nouveau

Secret...





























BOUDDHA-PESTE


« Mon rêve fut incomplet
c'est pour cela que je compris
Que souffrir est le nom du voyage
Que fait le monde et qui mène
De lui jusqu'à lui. »

Fernando Pessoa

Tel un don Quichotte,

Iker a erré,

De Budawar à Pest,

Sans s'y trouver...


Chaque rencontre

Paraissait enchantée,

Des personnages

Et leurs doubles,

Tout était trafiqué...


De Buda

Ou de Pest

Je ne choisirai..


Tel ce Balazs Tibor,

Volatilisé,

Métaphorisé,

Qu'en aucun port,

Je ne saurais toucher...


Je reviens

à Eindhoven,

où la réalité

est un rêve éveillé,

de carrousel

qui tintinnabulait,

à l'heure de la sieste,

une étrange lucidité...




































BAVARIA

ALTOTTING


Quand Iker franchit le seuil de ce Resthaus bavarois, il crut tout d'abord être le premier et dernier client, l'immense salle était en effet vide, et seul un vieil homme, souriant, était attablé près du bar..

Il s'adressa donc à lui, dans son anglais approximatif, et de toute sa personne émanait une telle sympathie, qu'il décida d'emblée de s'asseoir près de lui..

Il s'assura ensuite de la possibilité de pouvoir manger, en cuisine, où la patronne, matrone bavaroise aux yeux bleus ; s'affairait avec une apprentie...

L'échange avait été bref et comme toujours la première question fut :

-Do you speak english?

Non, bien entendu, et tout de suite, en rigolant :

-Do you speak spanish ?

Et là, le vieil homme, -qui quand j'y pense avait toute la prestance d'un Frantz Beckenbauer-, s'exclame :

-Ici même on parle espagnol, regardez derrière vous...

Il y avait là en effetun routier d'Almería, et sa copine, une brésilienne, plutôt enrobée, par la feijoada...

Je décidais donc, à l'initiative de Frantz, appelons-le ainsi, de me rendre avec lui, à la table où l'on parlait espagnol...

Le repas, au demeurant, entièrement composé de produits biologiques, le tout pour moins de dix euros, fut une véritable reconstitution de Babel...

A vouloir parler anglais et espagnol en même temps, et traduire à tour de rôle, Iker se retrouva bientôt, la bière bavaroise (50cl) aidant, en train de balbutier, tel un ivrogne, un sabir incompréhensible...

Frantz, impassible, malgré X chopes, et le champagne local au dessert, qui n'a pas mangé, éclata toutefois de rire, en voyant mes efforts insensés...



Cette rencontre dure environ une heure mais comme dans ls auberges enchantées, du Quichotte, le temps et l'espace furent rompus, j'étais là chez moi alors que je savais que je n'y reviendrai pas....

Le routier et sa femme nous quittèrent au bout de 45mn, pour la fatidique sieste et je restais seul avec Frantz...

Il m'expliqua dans un anglais encore plus approximatif, qu'il n'était qu'un client, un hôte, sans doute le client préféré de la patronne...

Et qu'en hiver, sous 3 mètres de neige, en novembre et décembre, on jouait là du folklore local, qu'on y dansait et qu'il était un des musiciens...

Iker en sortant serra très fort dans ses bars Frantz, ils semblaient s'être toujours connu, ces 60 minutes comme nombre de rencontres de voy-âges, furent décisives, capitales, alors que presque tout le temps, il ne se passe rien qui vaille la peine d'être mentionné...

La France de l'Ennui, de Sarkosy, l'Empereur de chez Norev, une sinistre miniature de Rambaud, à 9 heures les volets clos, des restos qui refusent les clients, à la même heure, des prostituées sur l'autoroute, la France de tous les tabous, ne m'aurait jamais donné une auberge bavaroise, si étrangement enchantée...





























NEVERS MORE
AMOR


Un dimanche après midi d'août, seul dans la voiture, à travers le merveilleux Morvan, le saut d'Ouloux, des virages, des sapins, des cascades, des torrents, cap à l'ouest, depuis Eindhoven ce matin, via Luxembourg et Bourgogne.

Des dizaines d'orage couronnent le majestueux Plateau de Langres, les lacs de l'Aube brillent de mille reflets sur la carte, une île fluviale ratée près d'Avallon et j'attaque ces piémonts du Massif Central, voyage éclair ; la douce voix d'une psychanalyste berce ma route, elle me parle de l'adolescence et de la mort...

Et puis tout d'un coup, Iker choisit son cap, ce sera Nevers, capitale d'un Nivernais endormi et oublié. Mais pas par tout le monde, on pense forcément à Bérégovoy, à Mitterrand, à Marguerite Duras bien entendu, et surtout à Roa Bastos dans Le Procureur.

Presque à la fin de la route, à la recherche de la fenêtre du couchant, je marche toute la nuit seul dans cette ville musée, de la Cathédrale au Palais des Ducs de Bourgogne, en passant par les rives de La Loire, tout y semble tellement parfait.

Les trois mers s'y déversent, au confluent des eaux de l'Yonne, de la Loire et de l'Allier...

Et puis n'est ce pas là que Ximena et Félix, à la fenêtre du couchant, mettent un terme à une superbe histoire d'Amour, Nevers More Amor ??? Cette ville est-elle donc marquée par de la Mort et l'Amour, l'étrange ballet ???

Oui, comme chez Marguerite, à une différence près, Félix n'est pas nazi, il veut seulement éliminer un dictateur du Paraguay...

Il fuit l'Amour, pressant, pour se retrouver, pour que dans le goitre du Tyrannosaure Stroessner, sa dague il puisse planter...

Et Nevers disparaît, Nevers More bien sûr, j'y aurais erré des heures dans la nuit, et en vain j'ai cherché, une rue au nom de mon Maître du Paraguay...

Augusto Roa Bastos, dont le Procureur, les greniers de cette vieille ville endormie, devrait hanter...

09 08 06
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# Posté le jeudi 10 mai 2007 11:02

Modifié le jeudi 10 mai 2007 13:39

Taxi-Momia, Iker Boutin

Taxi-Momia, Iker Boutin
TAXI-MOMIA




Iker ahora recordaba, extraño encuentro y rara coincidencia otra vez, a un viejo taxista de Asunción, capital del lejano y mítico Paraguay, a donde solía viajar, como investigador y escritor de los domingos y días feriados....

Vino a buscarlos en la entrada del Manduará, por una noche oscura, para bajar hasta la Vieja Estación de la Plaza Uruguaya...

El vehículo era tan antiquísimo como el chófer y parecía levitar tranquilo, libre de gravedad, en un espacio y tiempo dignos de Amoité...

Literalmente se deslizaba por los rieles del tranvía y bifurcó hacia Mariscal Estigarribia...

Taxi-Momia era muy chiquitito, otro chófer que lo cruzara no habría visto sino una gorra, manejando con destreza un antiguo Ford Falcon, de tan triste notoriedad...

Uno tiene que decir además que el Abuelo Ezequiel, así podemos llamarlo, no pronunció ni una sola palabra durante todo el recorrido, en mi asiento estaba congelado por esa irrupción de la Muerte y su extraño cortejo, impregnado de banalidad...

Desde luego no le confesé nada a mi esposa, otra vez habría pensado en mandarme al manicomio, donde el Doctor Mafiel, Fiel de Fechos, me estaría esperando con una jeringa enorme y una mirada sádica en los ojos...

Al cabo de diez minutos de extraña eternidad, Ezequiel Caro nos dejó en el Lido bar, donde disfrutamos con todo de una sopa de surubí, satisfecho en lo que me atañe, por haber reintegrado la Vida...




Eric Courthès
Asunción, 10/08/05,
21h03-21h13
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# Posté le mercredi 09 mai 2007 11:46

Modifié le mercredi 09 mai 2007 12:41

"Mémoires d'un écrivain", mémoires apocryphes de Roa Bastos, Carolina Orlando, traduction d'Eric Courthès

"Mémoires d'un écrivain", mémoires apocryphes de Roa Bastos, Carolina Orlando, traduction d'Eric Courthès
MEMOIRES D'UN ECRIVAIN
(Contes basés sur des récits d'Augusto Roa Bastos)









Genre : conte

Auteur : Carolina Orlando
















































Préface, Traduction et notes :Eric Courthès

Illustration de l'auteur :
« Le porte- plumes- souvenirs »
















Et maintenant dégage Carpincho. Prends la plume et déguerpis plus vite que ça. Je ne veux plus te revoir. Ah, attends un instant. Si tu arrives à écrire avec la plume, ne lis pas ce que tu écris. Regarde les figures blanches, grises ou noires qui tombent sur les côtés, entre les lignes et les mots. »

Augusto Roa Bastos, Moi le Suprême









« Un livre où l'on se perd, où l'on ne trouve pas toujours ce qu'on cherche et où la plupart du temps, on découvre ce qu'on n'y cherchait pas, mais qui nous attendait, là...
Un livre qui nous écrit et nous réécrit...»,

Iker Boutin, à propos de Moi le Suprême














Préface





Augusto Roa Bastos, le génial écrivain paraguayen, passé Maître de l'hypertexte et de l'endotexte entre autres attributs textuels, est mort le 26 avril 2005, trois jours après l'un de ses Maîtres, Miguel de Cervantès, disparu pour sa part, le 23 avril 1616, et pourtant, son ½uvre, telle celle de son illustre antécesseur, non seulement ressuscite dans chacune des lectures qu'on en fait mais aussi dans la réécriture.

Nous sommes en effet quelques uns dans le monde à avoir décidé de reprendre en main la plume de Carpincho, celle donc du Suprême et de Raymond Roussel, et à nous l'attribuer. Pour ma part, ce processus se fit de façon presque inconsciente , dans le cas de Carolina Orlando, la démarche est claire, faire revivre le Carpincho à travers d'une part son écriture et d'autre part une interview apocryphe de Juan, un jeune journaliste argentin, en 1978 , à Toulouse, où résidait alors Augusto Roa Bastos, puisqu'il enseignait la littrature latino-américaine et le guarani, à l'Université de Toulouse le Mirail.

Carolina Orlando est née le 24 septembre 1975, elle n'a jamais rencontré Roa et l'a interviewé, elle l'a par contre lu en long et en large, en profondeur oserais-je dire. On retrouve dans ses remarquables mémoires apocryphes de Roa Bastos, l'humanisme révolutionnaire de Fils d'homme, dans le conte « Des armes avec du sang », la complexe pluritextualité de Moi le Suprême, dans les nombreux paratextes et dans « Le jeu de l'écriture », qui débouche sur l'hallucinante marqueterie textuelle de « La légende du divin narcisse », une pièce de théâtre presque exclusivement constituée de passages retravaillés d'½uvres qu'a sans doute lues Augusto Roa Bastos... Impressionnant donc, car au moment où le lecteur exercé de Roa croit déceler une faiblesse : cette pièce est l'élément de trop dans l'ensemble, elle est discordante, ce n'est plus de la ré-écriture de Roa Bastos, et qu'il découvre le stratagème, il ne peut que

réitérer ici sa vision de l'écriture roabastienne, il s'agit d'un endotexte qui se mue en exotexte, par la magie de la relecture et de la ré-écriture. On remarque en effet que dans l'½uvre de Roa, les narrateurs-écrivants sont dominants, qui mettent en scène l'écriture et donnent l'illusion qu'elle s'autogénère : endotexte. Mais logiquement le processus ne s'arrête pas là, le lecteur s'empare à son tour de cette merveilleuse machine à écrire à la Roussel, et y va de sa plume, il réécrit, consciemment ou pas du Roa Bastos, sans jamais sombrer dans les excès de la citation ou du plagiat, il écrit du Roa Bastos, parce qu'il n'a pas le choix, il est condamné à réécrire : exotexte, et à se transformer en simple maillon d'une écriture transfinie...

Ce phénomène est à mon sens unique, c'est pourquoi, quand au printemps 2006, une jeune argentine de 31 ans, grâce à mon blog sur Roa Bastos , m'envoya ses Mémoires d'un écrivain, je ne pus que frémir dès la première lecture. En effet, ce que je croyais la marque d'une forme de folie, la mienne, celle de passer ma vie à commenter son ½uvre, à parcourir son pays en tous sens, à lire tout ce qu'il a lu , était partagée et qu'en cette matière à la fois métatextuelle, hypertextuelle, endotextuelle et exotextuelle, je n'étais qu'un novice face à l'incroyable jeune fille...

Pour finir, et c'est là sans doute le plus étrange, je suis sans le vouloir et sans que nous ne nous soyons jamais vus ou concertés, le protagoniste de ces contes à ma façon. De fait, je m'identifie, -en tant qu'ancien postier-, profondément avec le facteur de « Quelques notes sans temps », qui disparaît dans Buenos aires pour ressurgir à Toulouse. Mon c½ur frémit à l'occasion d'un colloque à Nanterre, dans « Première rencontre avec Borges », -où j'ai étudié et enseigné-, et bien entendu je me mets dans la peau de Juan quand il parvient enfin, après mille détours textuels, à réaliser l'entrevue de Roa, -qui lui raconte l'histoire du facteur-, à Toulouse en mars 1978. En effet, il m'a accordé le privilège de deux entrevues, en son domicile d'Asunción, en septembre 2000 et en août 2003 , que je pourrais bien qualifier moi aussi de moments « magique(s) sans temps »...

D'aucuns verront dans ces quelques notes une amitié de circonstances et quelques heureuses coïncidences, ou encore une admiration naïve pour un auteur partagée, mais tout comme Roa je crois au « mystère terrible du hasard , et même à sa suprématie sur les lois du monde rationnel.»:

« Le hasard répète toujours les mêmes coups. Qui voudrait tromper le hasard doit seulement en mémoriser les lois. Ce sont les plus simples et les plus rigoureuses de l'univers . ». Nous sommes en l'occurrence deux au moins à avoir maîtrisé l'une de ces combinatoires en même temps, en nous inscrivant dans la «répétition » de la lecture et de l'écriture d'un authentique Génie !!!!

Alors, à l'heure où celui-ci mort récemment est déjà presque oublié, -en effet, on peut signaler cet incroyable paradoxe, les traductions en français de Hijo de hombre et de Yo el Supremo, sont épuisées et non rééditées-, saisissez-vous lecteurs de ce livre pas comme les autres, ayez le courage non mercantile de l'éditer, de le faire connaître, de le lire et de le relire, et de vous engager vous aussi dans cette voie de la délivrance par la réécriture, vous n'y échapperez pas...




















AVERTISSEMENT DE L'AUTEUR


En 1978, je fis un voyage en France. J'avais pour objectif d'enregistrer sept écrivains latino-américains. L'un d'entre eux se nommait Augusto Roa Bastos. A la suite de plusieurs rencontres dans son appartement de la rue Van Gogh, à Toulouse, ce livre est né : une compilation de moments, transcrits à partir de sa propre voix, qu'il décida de sauver du naufrage qu'est la vie, des mémoires qu'il choisit de ne pas laisser sombrer dans l'oubli, il doit bien y avoir une raison à cela...

Quelques années plus tard, nous nous sommes revus par hasard à Nanterre. A ma grande surprise, il me félicita pour la position que j'avais adoptée lors de la table ronde sur « la réalité dans la fiction » et, presque en chuchotant, il me demanda si j'avais écrit quelque chose à partir de ses récits.

Bien sûr que j'ai écrit quelque chose don Roa, je vous ferai parvenir une copie de mes contes.

Il les reçut en 1984. Un ami commun me fit parvenir son opinion. Il me suggérait, me dit-il, de ne jamais les publier parce que je n'avais pas su retranscrire les faits tel qu'il me les avait contés, que j'aurais pu les avoir écrit mieux que ça, que j'avais utilisé une langue trop baroque, parfois abstraite et confuse.

Mon avertissement en fait c'est que le protagoniste de ces contes est en désaccord avec ceux-ci.

En cherchant les causes d'une telle désapprobation, j'en finis par conclure que peut-être à l'époque l'idée de mon exil m'occupait trop l'esprit, ou que mon manque d'expérience comme écrivain mit à bas cette première oeuvre.

Je n'écartais pas non plus, pour éluder ma responsabilité, la possibilité que Roa Bastos se soit laissé guider par sa volonté de ne pas révéler des histoires intimes, quelque secret ou texte dont il ne veut pas se rappeler.

Cependant, je crois pour ma part que la parution de ceux-ci est indispensable, afin de démontrer comment les circonstances: des instants de vécu qui ne semblent pas laisser de traces, en firent l'écrivain génial qu'on connaît.

Je laisse entre vos mains lecteur, le loisir de la critique. Afin d'étayer mon point de vue, je rajoute les notes de mon cahier qui, je le crois, éclaireront quelques uns de vos doutes. (Vous pouvez toujours vous en passer si vous n'aimez pas les premiers pas).

Ce que je promets en revanche, c'est de revoir ces récits dans quelque temps. Pendant ce temps-là, je rechercherai de la documentation digne de foi et, comme preuve de mon humble condition d'apprenti permanent, je ferais cas des sages conseils d'un maître que j'ai transformé, de façon irresponsable, en Personnage de ces contes.

« Les fables doivent finir en épousailles... »,
Don Quichotte de la Manche

Cahier de Notes
A celui qui le trouvera :

La peur détruit le corps et aujourd'hui on vit avec la peur. Mais personne ne détruira l'écriture. C'est pourquoi je laisse ces notes d'informations sur le début d'un projet qui, de par son caractère infime, ne prétend pas changer le rythme qui régit mon peuple. Régime d'oppression, de mort, d'emprisonnement ; dans un style opposé à celui de la liberté. Et j'ai lu quelque part que la littérature c'est la liberté. C'est cette liberté que j'utilise. Un jour vous écouterez Rodolfo Walsh, Conti ...Un jour on découvrira l'immortalité de cette liberté.

« ...tu ne prendras pas le pouvoir avec ce poème » dit-il/ tu ne feras pas la Révolution avec ces vers » dit-il/ ni avec des milliers de vers tu la feras » dit-il/ il s'assied à sa table et écrit. »

Ah Gelman ...

Evidemment que personne ne sait pourquoi je vais en France. Seule ma mère peut le savoir. Même pas la grand-mère qui pourrait en parler avec les voisins.

Pour des raisons évidentes, je ne peux pas sortir et leur expliquer à tous qu'on nous prive d'une littérature dont on parlera encore longtemps. Je ne peux pas leur raconter que ceux qui la dirigent depuis l'exil en France m'attendent...

La seule chose que je leur dis c'est : dans deux mois je vais en France, vous savez bien : les musées, le dollar bon marché, et tout ça. La nouvelle a mis le quartier en ébullition. Les gens me demandent des parfums, des tissus et des photos. Le petit voisin part en France, les entends-je chuchoter, Qui? , dit Susana, Juan le fils d'Emilia. Ah bon... Et alors Susana se demande ce qu'elle pourrait bien me demander. Ils insistent, tous, avec la Tour Eiffel et le Moulin Rouge. Patience. Je ne peux pas leur raconter mon projet de livre, que j'arrive d'abord à Barcelone pour me rendre ensuite à Toulouse en train. Pourquoi à Toulouse ? Qu'est ce que je pourrais bien dire ? Il vaut mieux ne pas donner d'explications. Il y a danger. Le fait de ne pas m'intéresser aux cartes postales et de surcroît, mon besoin de m'éloigner des barricades d'argentins braillards préoccupés parce que tout s'achète au double du prix : victimes (ou victimaires) de la douce monnaie .

Maman : en supposant que je ne sois plus là et que tu trouves ces notes : fais tout ce que tu peux pour envoyer ce cahier et les sept chemises avec les questions des entrevues à Paco. J'aimerais qu'il les lise et que, s'il le juge bon, il essaie de les interviewer lui-même.

(Une demande sans sentiments, n'est ce pas ? Mais ce n'est pas le moment approprié pour ça. Je n'écartai pas la possibilité qu'ils découvrent le cahier avant toi et ce serait injuste qu'ils emportent aussi mon intimité. Mes sentiments se trouveront dans une lettre. Mais c'est une autre histoire, qui te sera plus visible.)

Objectifs : compléter par leurs réponses les entrevues de sept écrivains exilés. Confirmer les dates de rencontres avec les amis de Paco. Appeler les autres avant le voyage pour qu'ils soient au courant de mon arrivée imminente et certaine. En plus, ils voudront sans doute connaître la situation d'autres collègues. Il me faut donc chercher des informations de bonne source, contacter ceux qui restent et les prévenir de mon départ pour qu'ils ne s'imaginent pas que je suis tombé.

Ça me fera du bien de voyager. De m'éloigner pour un temps, ça dissipera les peurs. Ça fait un peu lâche, mais il se peut que dans cette faiblesse (lâcheté, peur) se cache un peu de fermeté. Les souhaits d'un lâche ?

Barcelone-Toulouse-Paris. Une fois terminé le voyage, revenir en Argentine ( appel au préalable de maman pour savoir comment évolue la situation), corriger, assembler et organiser le livre. Attendre le moment opportun, comme le dit Paco. Lancement du livre « Sept conversations : échos de l'exil » ( ou quelque chose comme ça). Fin de mes objectifs. Ah...j'espère pouvoir revenir.

Le premier que je vais interviewer ce sera vous, annonçai-je au nom imprimé sur la couverture de Moi le Suprême d'Augusto Roa Bastos.

A cet instant précis, derrière le meuble- vitrine, je découvris une file de fourmis qui entraient par les fentes de la ventilation et parcouraient le triangle formé par le mur et la plinthe, et finissaient par monter, insolentes, par un pied de mon bureau. Elles chargaient sans repos les grains de sucre dispersés cette nuit dans une tentative de sucrer mon café. Tentative qui s'avéra, évidemment, mal tentée.

Je les laissai poursuivre leur tâche. Loin d'interpréter ma pitié, elles se multipliaient, elles faisaient irruption dans ma tranquillité sans le moindre respect, et finissaient par me déranger. Je pris alors un morceau de tissu imbibé d'eau chaude (je ne sais pas pourquoi chaude, je supposai qu'elles mourraient plus vite ainsi) et je les chassais sans compassion. Au rythme de leur mort, je commis des dizaines d'assassinats.

Mes yeux étourdis par la tuerie devinrent deux vigiles qui observaient de temps en temps les fentes. Pour me concentrer sur les mots, je décidai de retranscrire avant la dernière feuille de questions que je poserai à l'un des écrivains qui m'attend à Paris.





Sans perdre le rythme, je lisais mes notes et je retranscrivais l'entrevue jusqu'à ce que je parvinsse aux dernières lettres du texte. Il ne restait plus qu'à ajouter le nom de Julio Cortázar. Une ultime stimulation de mes mains et ma vision s'emplit à nouveau de ces bestioles gênantes qui dévièrent les lettres sans autorisation. Je constatai, soulagé, que ce n'étaient que des illusions d'optique. J'enlevai la feuille de la machine et je la gardai dans ma chemise.

Vraiment libre à présent, pour commencer à relire le roman de celui qui suit, je cachai la machine dans le tiroir du bureau, je me servis un verre d'eau fraîche et je dis au livre où apparaît le porte-plume du grand-père, c'est à ton tour maintenant.





Je ne peux interrompre l'armée de fourmis qui envahit la feuille. Mes mains, attachées et soumises à la machine à écrire, ne semblent pas intéressées par le danger d'une telle invasion (une fourmi ronde vient d'ailleurs de s'immiscer). Il y en a de toutes les formes, et c'est à celle qui sera la plus noire, qui se tordra le plus. Une fourmi maigre avec son antenne orientée vers l'est vient ensuite. Une autre de la même grosseur court et s'arrête, elle arrive après mais elle est plus grande, on dirait une aiguille, et ces antennes, une de chaque côté, poussent la précédente vers l'avant. Elles arrivent très vite, elles sautent violemment et quelques unes échappent à ma vue. Ici, ici et les voilà déjà sur la feuille... Elles tachent le papier et chacune occupe sa place derrière l'autre (une autre et encore une autre). Mes mains se relâchent et elles cessent de rentrer, elles n'envahissent plus, elles ne crient plus. La dernière est encore une de celles dont l'antenne est orientée à l'est.

Avec précaution, je soutiens le papier par son extrémité supérieure, je fais tourner le rouleau et je tire. Les petites fourmis restent à leur place, elles attendent des réponses à leurs questions en France.

La feuille, impeccable, s'emplit de lettres.








Le cristal et l'insipide liquide jouent. Les lettres de la couverture augmentent et aussi la taille d'une figure qui, à cause de l'ondulation du verre, semble sans visage. Je la déplace de son centre.





J'enlève du milieu la barrière d'eau. La figure est toujours déplacée. C'est ainsi que comprit le Suprême Dictateur Carlos Alonso : corps sans visage, figure qui observe à travers son contour obscur et vide, des yeux attentifs, un regard sévère, qui me menace, qui semble parler. Il vous faut bien saisir que vous devez en finir avec les métaphores, me dit-il, que vous les aplatissiez ou que vous les disiez à vois haute, continue-t' il. J'ouvre le livre et il se tait. Une fois à l'intérieur, je ne vois plus le dessin.







Le roman se résume plus ou moins à ça : le Suprême fut un dictateur du Paraguay avec une autorité, évidemment, Suprême. Son nom : José Gaspar Rodríguez de Francia. Les opinions sont diverses, opposées. Je vous renvoie à ces deux informations :

« Les paraguayens virent un homme qui ayant convoqué et réuni en Congrès les habitants de la Province, présida celui-ci et se fit proclamer par ses partisans : Suprême Dictateur Perpétuel de la République du Paraguay », se prévalant de l'ignorance des paraguayens, qui ne connaissaient même pas l'autorité sans limites de la dictature ; et que le fait de donner à un citoyen dans une République une autorité illimitée est le plus grand de tous les maux (...) Il commença par devenir un despote, dégénérant ensuite en tyran et bourreau de ses sujets : et s'imaginant tout d'un coup que la dignité épiscopale lui faisait de l'ombre et s'offusquait de sa dictature, s'ingénia à persécuter l'Evêque et finit par le faire empoisonner.... » (Molas, Mariano Antonio, Description historique de l'antique Province du Paraguay, Editions princeps, 1868, troisième édition, Asunción, NIZZA, 1957, chapitre V : « La dictature »).





« Une fois aboli l'empire des prêtres et l'inquisition, des idées plus saines prirent la place des anciennes préoccupations. Comme depuis le début de la révolution l'introduction de livres fut libre, le goût pour la littérature commença à se généraliser, et partant de l'instruction, tout au moins parmi les jeunes. (...) Enfin, la présence des étrangers, détenus depuis des années dans la capitale, contribua à une meilleure divulgation du progrès et on adopta des coutumes plus en accord avec notre siècle. Il convient de remarquer que les femmes ont manifesté une plus grande disposition à l'instruction que les hommes. (....) Il est d'ailleurs bien évident qu'ayant mis le pays sur le pied de guerre, l'ayant rendu capable de se faire respecter de ses voisins, et puisqu'il avait de l'ordre dans les finances publiques, cet homme a montré à ses compatriotes qu'ils pouvaient obtenir leur indépendance. » (Longchamp, M. ; Rengger, J.R., « Ensayo histórico sobre la revolución del Paraguay y el gobierno dictatorial del Doctor Francia, traduit du français par Florencio Varela, Montevideo, in Comercio del Plata, 1846, p. 201).


Il faudrait peut-être mélanger ces opinions et il se peut qu'il en sorte quelque chose de bon. C'est à peu près ce que fit Augusto Roa Bastos longtemps après, qui, en s'attribuant le nom de Compilateur, rassembla des données ; des cahiers de notes personnelles, des lettres et des objets pour refaire l'histoire et la raconter autrement. C'est cette histoire-là que nous parcourons pendant 460 pages. A travers celles-ci, l'auteur nous parle, communique avec le lecteur et la force vitale du personnage nous hallucine.

J'ai cru comprendre cependant, que tout le monde n'est pas convaincu par cette histoire compilée avec des fragments analogues ; tout le monde ne peut écarter la réalité quand il s'agit de lire de la fiction. Ce n'est pas facile. Peut-être en suis-je aussi incapable.






Reprendre la lecture demain à la page 214, où l'on explique les détails du porte-plumes. Mon porte-plumes, Compilateur.


« Que celui qui éprouve le moindre doute se rende chez moi et me demande de lui montrer. Elles est là sur ma table qui me regarde sans cesse...( Moi le Suprême , p. 214)

Bien entendu que j'éprouve un doute, Monsieur le Compilateur ! Vous m'assurez que vous possédez la même « plume souvenir » ou « plume mémoire » que celle-ci, qui se trouve actuellement enfermée dans le meuble-vitrine de mon arrière-grand-mère.


Inexplicable coïncidence. Vous ne pensiez sûrement pas que le véritable propriétaire de la plume, pourrait, un jour ou l'autre, se pencher sur ces lignes trompeuses. Tu vas faire ma connaissance à Toulouse, Compilateur !







Ce n'est pas n'importe quelle plume.
Selon le Compilateur, sa particularité c'est qu'elle écrit seule et, en même temps, on peut visualiser dans son manche les formes d'un autre langage, composé d'images, « de métaphores optiques. »

Le grand-père, -je ne l'ai essayée pour ma part qu'une fois- s'en serait servi pour écrire une lettre à grand-mère. Tandis que j'écrivais, je vis jaillir des rayons lumineux de la plume et, depuis ce jour, je sentis que j'avais le soleil en moi et je ne pouvais contenir cette formidable fulguration de moi-même.

C'est pourquoi je m'en souviens aussi bien. Comment oublier cette phrase. J'ai toujours cru que quelqu'un lui avait soufflé et qu'il la répétait parce qu'il en aimait probablement la sonorité de ses mots. Ce fut peut-être cet ami qui lui fit cadeau du porte-plumes. On lui avait peut-être soufflé à lui aussi.






Le meuble-vitrine, comme on l'appelait à la maison, (Je me souviens : Où sont les verres ? Dans le meuble-vitrine mon fils. / A qui appartenait le porte-plumes blanc qui s'y trouve. Il était à ton grand-père. Il avait appartenu auparavant à un ami paraguayen de petite taille, avec un grand nez, qui vint vivre en Argentine et qui avait échappé à je ne sais plus quel homme politique, je ne me souviens plus très bien de cette histoire. / Quel meuble puis-je utiliser pour ranger mes livres, Prends le meuble-vitrine, mon fils, il ne reste presque plus de verres.), avait servi à abriter les objets de valeur : des jeux d'assiettes et de verres du mariage de l'arrière grand-mère qu'on finit par casser complètement. De la vaisselle de la même fête de la grand-mère qui finit par la casser. Des verres, des assiettes, mariage, maman, des ruptures tout compte fait. Plume de l'ami du grand-père. Livres du petit-fils.

La vitrine en réalité c'est ce qui se trouve dans la partie supérieure du meuble, dont la base constitue le dessus d'une étagère obscure dans laquelle à une époque les décorations prirent la poussière. A présent : des livres. Sous cette planche se trouve une série d'étagères cachées par deux portes aveugles couleur acajou. C'est là qu'on avait coutume de mettre les assiettes, les verres et autres absents. A présent : des livres. Mais ce qui est intéressant c'est la vitrine.


Cela fait déjà longtemps que la porte ne s'ouvre plus. Elle a un cadre noueux, acajou aussi. Si l'arbre par ses veines nous conte son nombre d'années, ce bois les a toutes. Le cadre soutient une glace d'un modèle ancien, ficelés disaient la grand-mère. Il est décoré au centre de fleurs opaques. Derrière, attendant en silence, un trésor du Suprême Dictateur Rodríguez de Francia.





Je me dirigeai vers la vitrine. De l'autre côté de la glace : mystère. Et la plume.
« Cylindrique....d'ivoire blanc... », dit le Compilateur. C'est certain, blanche, cylindrique, ivoire. Mais je l'ai chez moi. Comment est-ce possible ? Un autre élément en ma faveur, elle venait du Paraguay...

Il vaudrait mieux la voir de près. Pourquoi ne pas ouvrir la porte du meuble ? Oui, défier le Compilateur une fois observés tous les détails.





La petite porte semblait fragile, mais la force n'est pas dans l'apparence. Il ne restait plus qu'à faire pression sur l'anneau de la clé et le tourner vers la droite pour, une fois ouverte, étudier l'objet. Ma main stimula le mouvement giratoire. Un tour, deux tours, mais loin de s'ouvrir, elle résista.





Je me souvins alors d'une histoire entendue à Luján, à Córdoba et même au Chili. On raconte qu'un carrosse s'enlisa avec la vierge à bord, fixant ainsi son lieu de résidence. C'est ce qu'on appelle un « miracle ».

Mais ceci n'était pas un miracle, mais un aimant. Sec, coincé, encastré dans le temps.

Je donnai quelques coups mesurés, précis et rapides tout le long du cadre acajou. Ma délicatesse s'avéra inutile face à l'attraction bigarrée des contraires. Guerre déclarée aux lois de l'aimantation, dirait le Suprême.





La main gauche, ravie d'apporter de l'aide, tourna la petite clé un peu plus à droite, jusqu'à la butée. L'autre main, qui transpirait plus, tira sur la cordelette de fil beige accrochée à un clou, qui soutenait auparavant une poignée. Toutes ces actions réunies : forcer, tirer ;

tourner, atteindre la butée ; oxygène dans les fentes de l'aimant, empressement et colère, la porte à la cordelette s'ouvrit avec, jusqu'à ce moment absent, facilité.

La main, en forme de poing, incontrôlable, finit par revenir frapper mon nez. Ce fut un coup envers moi-même, guidé par une stimulation que je crus externe, étrangère, allant-venant dirait (à nouveau) le Suprême. Comme s'il avait voulu, comme si le porte-plumes...





Mes sens s'emplirent de mauvais sang. La salive dégustait des traces de fer ; le nez, estourbi, coagulait ma respiration ; ma main tâtait le liquide qui s'écoulait ; mes yeux, fixés sur trois doigts rouges, et mes oreilles écoutaient le silence.

Un mouchoir servait contre l'hémorragie. Il n'était déjà plus blanc et tâchait de l'attraper.

Dans le grand évier de la laverie, le petit homme frappé sécha les traces de sang et revint, anxieux, étourdi et métaphorique, au meuble-vitrine.

Métaphorique, c'est-à-dire, poète : revenir au livre des souvenirs/ des mots qui te dessinent/ des lettres qui t'arrêtent : plume objet/ encre-eau du Suprême/ je te regarde et je / pense/ tu es là tranquille, d'ivoire/ mystérieuse, silencieuse/ l'air , l'eau, le sang, le temps/ Je te tiens ma Plume, je me sens un homme éternel/ Annulaire, marcher en arrière/ « Ne montons-nous pas vers le bas ? », dit Vallejo/ inverser, libérer ces vers. (Les blancs sont-ils autorisés dans un cahier de notes ? Si l'on prend en compte ma vocation de poète semi-frustré: Oui).





« Une pointe évasée constitue l'extrémité supérieure de la plume ; elle porte une inscription effacée par des années de mordillage », ( Moi le Suprême, p. 214).

Ma plume a de ces mordillages, mais on peut y lire l'inscription, nette et révélatrice. Je n'ai déjà plus aucun doute.


« Enchâssée dans le creux du tube cylindrique, à peine plus étendu qu'un point brillant, se trouve la lentille-souvenir... », (p. 214)


La lentille-souvenir, intacte, projette deux fins fils de lumière. Cela pourrait être de la magie ou tout simplement, le reflet d'un point brillant quand il est touché par un rayon de soleil.

A l'intérieur du meuble-vitrine, derrière les portes aveugles, il y a quelques feuilles de papier joseph. Essayer avec ça.

Attention. Ne pas se laisser éblouir par l'objet. J'aurais bien l'occasion de faire valoir mon droit de réel propriétaire.





Faire des recherches sur la langue guarani. Lire les contes de ce « septième écrivain ». Rédiger les questions de l'entrevue.

Je le répète : ne pas se laisser éblouir par l'objet.





Pendant l'entrevue, ne pas faire référence à la « plume-mémoire » (comme il aime la qualifier). Ne pas prendre de risques.

Situation à éviter finalement : il sollicite le questionnaire avant la rencontre, il lit la question qui mentionne le porte-plumes, il se refuse catégoriquement à me recevoir et la possibilité de démontrer la supercherie s'évanouit. Quel dommage, car la discussion, sur un ton de joute verbale, pourrait s'avérer pittoresque. D'autant plus que je le sais grand affabulateur, comme on me l'a raconté.

Il vaudra mieux, une fois à l'intérieur de son appartement, saluer cordialement et respectueusement, j'obtiens les réponses à mes questions et avant de m'en aller : - Pourrais jeter un coup d'½il sur la plume-mémoire du Suprême ?-, ou quelque chose dans ce genre. Ecouter ses excuses, le surprendre. Cessez de mentir génial Augusto ! Car la plume est à moi.

Regardez, lisez, aucun des mordillages n'a effacé l'inscription.




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# Posté le mercredi 09 mai 2007 09:07

Modifié le mercredi 09 mai 2007 23:17