« “La hamaca paraguaya”: distancia, silencio, ausencia, esperanza”, Eric Courthès

« “La hamaca paraguaya”: distancia, silencio, ausencia, esperanza”, Eric Courthès
« “La hamaca paraguaya”: distancia, silencio, ausencia, esperanza”

Eric Courthès
eroxa.courthes@orange.fr




“Siempre tuve la sensación de que el tiempo en el Paraguay es inmóvil, el tiempo de la fijeza, el tiempo petrificado, seco, vacío, fósil. Y que lo que se mueve en esa isla rodeada de tierra es la gente en incesantes peregrinaciones, en éxodos de nunca acabar”., Augusto Roa Bastos, El fiscal, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1993, p.66.



I) El balanceo de una hamaca en la lejanía
Lo que de antemano no deja de llamarle la atención al espectador de esta película tan rara, es el elemento central de casi todas las escenas: una hamaca paraguaya, bien ancha y larguísima, colgada de dos árboles, donde dos viejitos, Cándida y Ramón, están esperando en vano que vuelva el hijo Máximo, desaparecido en la cruenta y nunca olvidada Guerra del Chaco. Primero, porque Paz elije filmarla a unos veinte metros, lo que tendrá, sin que quepa la menor duda, un alto valor simbólico: su mirada es la de una joven paraguaya, de 34 años en el momento de la filmación. Podría ser la nieta de los dos famosos actores paraguayos, Georgina Genes y Ramón del Río, pues los mira desde lejos, con cariño y pudor, como si fueran íconos de un tiempo ya desaparecido pero tan presente en las almas de los paraguayos de hoy. Es más, no se expone el dolor ajeno con sensacionalismo, se lo mira desde lejos con respeto, como muestra de una época muerta y re-sucitada a la vez. A través de esta película, la Guerra del Chaco viene a ser un fósil vivo, un celacanto que a ratos vuelve a salir de sus abismos, para enseñarle a la gente su actualidad y vigencia.
En su perpetuo balanceo, se oscila entre presente y pasado, dejándolos confundidos, la hamaca paraguaya parece ser un péndulo, el de Foucault podría ser, vacilando y cavilando entre dos y uno, entre movimiento e inmovilidad, entre dualidad y unidad. La de una pareja de ancianos, que se las pasan viviendo una soledad de a dos en compañía, pasando de peleas interminables y sin sentido al cariño más profundo. Ahí está el secreto del amor duradero, que es la única forma de resistir el pesar de la ausencia del ser más querido: “Nos tenemos uno al otro”, le susurra en la hamaca Cándida a Ramón, los dos bien pegaditos por los hombros, unidos en la desdicha, en su hamaca flotante entre dos tiempos, unos minutos antes del final.
Más allá de este aspecto de reserva de la joven realizadora paraguaya, de su pudor y respeto frente a la desdicha y a la intimidad de esta pareja, que le permite sugerir a Paz Encina, la distancia de las tomas, uno se sorprende escrutando el espacio, procurando adivinar el significado de los más mínimos gestos de los dos protagonistas: Cándida pelando mandioca o Ramón cebando el mate por ejemplo. De esta cotidianeidad elemental brotan varios significados, que se le imponen con fuerza al espectador, por ejemplo el Amor y la Muerte, que van cruzando toda la película, hasta que termine con ambas temáticas confundidas, y que el cielo por fin se abra para liberar a la lluvia, a la verdad también.





II) El silencio atronador de la fiesta de la muerte

En esta película tan extraña, que rompe con los habituales cánones del cine, no sólo la distancia y la profundidad de campo de las tomas impresiona sino también los silencios, por ejemplo cuando Ramón, al comienzo de la película, va al cañaveral a cortar caña, lo vemos de espaldas y durante unos dos o tres minutos, que parecen mucho más, sólo se escucha el crujir de sus pasos sobre la caña y el ruido del machete con el cual va sacando las hojas secas.
Y de repente, en este silencio atronador, más llamativo que cualquier discurso, que lo aspira al espectador en su espiral de múltiples sugestiones, surge la voz del hijo: “Buen día papá”, le dice, y así empieza uno de los numerosos diálogos in ausentia de la película. Luego el ánima del muerto, el anga en guaraní, la del hijo Máximo, la visita a su mamá en el lavadero, y se experimenta el mismo proceso, la voz del hijo viene en off, se ve a la madre de espaldas, su voz también sale de afuera del escenario.
Se trata pues de un cine de la conciencia, parecido al de Wim Wenders en “Las alas del deseo” por ejemplo, no hay diálogos de verdad sino en la hamaca, y en este caso, como ya lo vimos, los dos personajes están tan lejos que no se les puede ver el movimiento de los labios.
Luego, cuando Ramón va a la casa del vecino, don Jacinto, y le pregunta por la guerra, se lo ve por primera vez de cerca pero de perfil, no sale ninguna voz de su boca sino de afuera, el vecino está dentro de su casa, tampoco se lo ve.
Por fin, cuando llega el cartero, también invisible, y le anuncia la muerte de Máximo a Cándida, ella está también de perfil, delante del horno, ni siquiera mira hacia él, su voz sale de afuera y se niega a admitir lo indiscutible, el fallecimiento de su hijo, de un tiro en el corazón.
¿Ahora bien, cómo podríamos interpretar todos estos diálogos truncos? Para mí, son el reflejo fílmico de la ausencia del hijo, lo mismo pasa con estos silencios interminables que los entrecortan, a lo largo de la película. Los dos personajes están instalados en un proceso de dolor intenso, del cual otra vez la realizadora no quiere dar una imagen sensacionalista sino pudorosa. El silencio y la ausencia van juntos, no se expone el sufrimiento ajeno, se lo sugiere mediante un silencio casi estresante y unos diálogos escalofriantes, por su naturalidad, de los padres con el muerto ausente.
Así es pues, son prosopopeyas, muy roabastosianas y paraguayas desde luego, aunque según la propia realizadora, la influencia de Rulfo fue también muy importante para ella. En efecto, como lo recuerda Ramón del Río en el muy sugestivo making of, citando al genio nacional Augusto Roa Bastos, “El infortunio se enamoró del Paraguay”.
De hecho, en este país tan desconocido como interesante desde varios ángulos, -desde la antropología a la lingüística pasando por una rica y original literatura-, la muerte está presente en cada esquina. Desde la dictadura del temible Doctor Francia y luego las atrocidades de la Guerra Grande, -después de la cual quedaron más muertos en los campos de batalla y los camposantos que vivos en la calle-, hasta hoy, cuando según la propia Paz, no se evacuaron esos traumas sino todo lo contrario, cada paraguayo parece que anda “llevando sus muertos a cuestas ”.
En realidad, y en ello cabría buscar explicaciones más profundas en la cultura guaraní , el Paraguay se siente y se vive como un país de la muerte, pero no de esa muerte mórbida que nos atormenta el alma a nosotros occidentales, sino una muerte casi festiva, por lo menos cotidiana, inscrita en el proceso diario de la vida. A estas alturas, símiles con otras civilizaciones de la muerte como las de Méjico, de Madagascar o de la China, e incluso con la tradición británica de Halloween, vendrían al caso. La muerte termina formando parte de la vida, y a pesar de su innegable aspecto trágico, se la vive y siente como algo natural, ya no tanto como el final de un proceso sino como un nuevo principio.
Por lo tanto, “Hamaca paraguaya” acaba siendo la metonimia de toda una cultura muy insular y especial basada en una confrontación natural y positiva con la muerte. Un espacio propio, rompiendo con el escenario vegetal que lo rodea, tal como el país de Roa Bastos, la famosa “isla de tierra sin mar” rompe con su entorno, histórico y geográfico, en el Paraguay como en la hamaca que lo contiene, no pasa nada igual que en otras partes. Podría pasarse uno horas demostrándolo pero estas reflexiones nos harían salir de nuestro principal cauce, dar a comprender una película tan extraña para el entendimiento occidental. Ningún silencio dura demasiado, ninguna alusión a la muerte es mórbida sino que se nos presenta, tal como la hamaca, como ícono de una cultura mestiza cuya idiosincrasia no tiene parangón en toda América Latina.
Volvamos pues a nuestro tema, esta película en realidad es silencio, sólo los gritos de las aves que anuncian la lluvia, -la cual nunca llega sino al final, coincidiendo con la noticia de la muerte del hijo-, y los escasos “diálogos”, -en realidad no lo son, dado que no hay intercomunicación y confrontación en el mismo espacio-, le dan su puntuación al silencio.

Los “diálogos” funcionan pues como coros fúnebres, como responsos, o acordes de instrumentos de música, en esta sinfonía de la fiesta de la muerte, susurros selváticos en guaraní, con subtítulos en español paraguayo, -sobre este aspecto también cabrían muchas interpretaciones -, entrecortan el silencio y no al revés, como suele pasar en películas de factura más clásica.
III) Una ausencia muy presente
Si bien el silencio en esta película constituye en realidad su trasfondo, la ausencia sería su motivo, materializada por todos los diálogos en off. En efecto, la pareja de viejos ya no le encuentra sentido a la vida, ya que están separados de su hijo único, desaparecido en la Guerra del Chaco, o Guerra de la Sed, entre Paraguay y Bolivia, de 1932 a 1935. Viven en el Chaco , en un lugar muy apartado, donde no llegan nunca ni la lluvia ni las noticias. De hecho, es de esperar la visita de Ramón a don Jacinto, al cabo de casi cincuenta minutos, para que nos enteremos de que ya la guerra ya había cesado, desde hacía dos días, el 12 de junio de 1935.
Un poquito más tarde, llega el cartero y le anuncia la muerte probable de su hijo a Cándida, sin embargo, en los dos casos, ambos personajes se niegan a admitir la evidencia, ya que en el tiempo de la ausencia aún cabe la esperanza de que vuelva el hijo. Se las pasan lamentándose por su suerte, no se sienten bien ni siquiera en la hamaca: “No me hallo en esta hamaca Ramón”, dice Cándida varias veces, pero queda la esperanza de que la ausencia de Máximo sólo sea pasajera, de que retorne a su casa al final de la contienda.
Sólo así, amén de su natural amor por el hijo, se puede explicar que procrastinen tanto los dos personajes, que hagan durar tanto esta situación de incertidumbre, que a nosotros nos parece pesadumbre, y que Ramón, después de la visita al vecino, declare: “Podemos esperar todavía al que se fue.” También así se puede explicar el empecinamiento de la madre en decirle al cartero que su hijo tenía el corazón en el centro del pecho y por tanto que él no podía ser el muerto. Esta negación en admitir lo evidente, en hacer que dure eternamente el tiempo de la ausencia-esperanza, también puede justificar la actitud de la madre frente a la mariposa muerta, la tira muy lejos, o también su negación en reconocer la camisa agujereada de su hijo.
Su dolor es inmenso pero no llega al duelo completo, porque les queda un hilito de esperanza en ese tránsito de la ausencia-esperanza, en realidad, Máximo está presente, está con ellos, con su papá en el cañaveral, con su mamá en el lavadero. Hasta que traigan su cadáver, no van a querer salir de esta esperanza ciega que se niega a la evidencia, máxima prueba de amor, tan frágil como la hamaca vieja, pero que de puro milagro se mantiene firme en medio de la tormenta bélica.
En realidad, sólo la perra intuyó lo que pasó, por eso no aguantan sus perpetuos lamentos por el hijo perdido, incluso Ramón no quiere darle de beber al animal muerto de sed en este verano chaqueño tan canicular, y por eso también Cándida le aconseja a Ramón que le dé una camisa vieja de Máximo para calmar su angustia. Frente a la ausencia de un ser querido, los humanos nos portamos con menos perspicacia que un animal doméstico, en nuestro amor podemos buscar todos los pretextos de nuestras añoranzas, incluso en nuestra humanidad versus su simple animalidad, sin embargo, algún día conviene terminar con el dolor causado por la ausencia, porque eso a la larga lo mata a uno también.
IV) La esperanza de que nunca termine la espera
Pues, así es, ninguno de los dos acepta lo evidente, la muerte de Máximo, no obstante, cada uno tiene su manera de esperarlo. Ramón, como ya lo vimos, es el que más espera y cree en la vuelta de su hijo, quiere seguir esperando, cueste lo que cueste. Se empecina en su esperanza ciega como el campesino chaqueño que es. Cada año, pasa lo mismo, la lluvia no llega a esos confines del mundo, pero el viejito pega un salto en la hamaca cada vez que escucha el grito de las aves. Su leitmotiv sería “se puede esperar”, siempre queda un hilito de esperanza en algo mejor, en el “renacer” de su hijo, tal como lo sugiere el título del tema musical de Óscar Cardozo Ocampo, elegido por Paz en su película.
En el cañaveral, incluso llega a decirle: “Vos vas a volver mi hijo.” Todo puede ocurrir, incluso lo más improbable, como la lluvia que al final del film se larga por fin sobre sus cabezas. Todo puede pasar, con tal que no salgan los dos ancianos del tiempo de la espera, de la esperanza del que espera, porque de lo contrario, sería para los dos pobres viejitos el anuncio de su propia muerte.
Cándida en cambio, no parece ilusionarse mucho por la vuelta de su hijo, incluso si al final también entra en el juego de la “procrastinación”, rechazando la noticia del cartero. “No se puede nada contra lo que no te llega”, le dice a Ramón desde el comienzo, en un arranque muy fatalista y beckettiano. No sirve de nada esperar a Godot pero lo mismo ella lo sigue esperando, pese a todas sus dudas, a su malestar permanente de madre, a sus intuiciones de mujer que le dicen que ya ha muerto su hijo, Cándida espera dudando y renegando pero sigue esperando con mucha fe y amor en sus adentros.
En el tiempo infinito, inmóvil, “petrificado”, -diría el Maestro Roa-, de la espera, todo puede seguir como antes. En esta mera repetición de los hechos cotidianos, las dudas de la madre se inscriben más bien en una especia de discurso automatizado, en réplicas que sólo sirven para marcar el compás del silencio y del espacio.
La pareja de ancianos sigue peleando con cariño, como siempre lo han hecho y en esta perspectiva, la actitud de Cándida está más bien en llevarle la contraria a su marido, sin que constituya un conflicto real. Son diálogos por encima del silencio sepulcral de la muerte, que salen “por sí solos ”, como lo diría la joven realizadora paraguaya, y que revelan el estado de ánimo más profundo de los protagonistas.
Cándida se siente incómoda en esa vieja hamaca: “No me hallo en esa hamaca Ramón”, -como lo dice calcando su discurso sobre una estructura sintáctica guaraní idéntica-, siempre se quiere ir. Ramón está esperando a su hijo con la tenacidad ciega del campesino chaqueño, tal como se espera a la lluvia, como “agricultor”, como él se califica a sí mismo, sigue dialogando a escondidas con su hijo y se resiste en admitir lo inevitable.
A la visión fatalista de la mujer se opone la actitud esperanzadora e inmemorial del hombre de la tierra, “Lo que se espera, ya no se quiere venir”, dice Cándida, o “Lo que se espera, se espera en vano”, pero el viejito sigue esperando que llueva y que vuelva su hijo. Incluso Cándida, harta de sus locas ilusiones, llega a decirle que la esperanza es lo que lo pierde a Ramón, pero el anciano, justito antes de que se vaya a la casa del vecino remata el tema diciéndole a su pareja y vieja comparsa: “Mi hijo puede llegar en cualquier momento y yo no lo voy a encontrar.”
Es más, al enterarse de que la guerra ha terminado, sigue esperando y dice casi al final de la película: “Podemos esperar todavía al que se fue.” En esta cita, cada palabra tiene un gran peso semántico, esperan de a dos, llevados por la fuerza de su amor, a pesar de las dudas de la madre, y sobre todo, “el que se fue”, ser anónimo” barrido por la guerra, ya no es el hijo sino sólo un ser que se fue pero que puede volver, como todos esos soldados lisiados y locos, que vomitó por todo el país, tal como heces humanas, esa guerra de otros. Al lector de uno de los capítulos más estremecedores de Hijo de hombre, “Ex combatientes”, no le cabe la más mínima duda, más vale morirse en el frente que volver en ese estado infra humano. En verdad, sólo al final de la película, parece rendirse el viejo Ramón diciendo: “Ya no hay nada que hacer, la muerte se hace sentir.”, pero en realidad, alude a la suya por el dolor que le oprime el pecho.
Pues, en este tránsito de la vida-muerte, que vienen a formar un solo concepto doble cuyos polos están inseparables, como en la tradición indígena, la que más lucidez tiene es sin lugar a dudas Cándida. Intuye que lo peor no es el dolor de la ausencia y su irracional esperanza, sino lo que acarrea la muerte, un inmenso dolor que lo puede llevar a uno también al óbito: “La muerte pasa rápido Ramón, pero es ese después lo insoportable.”
“La hamaca paraguaya” viene a ser pues la exposición del tiempo fosilizado y circular del dolor de dos padres por la ausencia de su hijo, que se queda al borde del tiempo de la comprobación de ésta, donde empieza lo inevitable, la aceptación de la muerte del ser querido.


“- Si on se quittait? Ca irait peut-être mieux ?
-On se pendra demain. A moins que Godot ne vienne.
- Et s'il vient ?
-Nous serons sauvés. »

En attendant Godot, Samuel Beckett, Paris, Editions de Minuit, 1952.

# Posté le mercredi 05 novembre 2008 09:04

Modifié le dimanche 09 novembre 2008 04:28

A Natalia Benítez

A Natalia Benítez
A NATALIA BENÍTEZ

“Estoy paralizado de amor,
El teléfono no puedo agarrar,
Me siento ya viejo,
Lleno de un dolor,
Antiguo...

Cómo puede ser?
Cómo semejante mina,
De gambas infernales,
Y ojos celestiales,
Se me pudo escapar?

Cómo fue posible?
La dejé desvanecerse
Por la noche
Asuncena,
Ya no estaba
En la vereda
de enfrente...

Es-fumada,
Un sueño
Inalcanzable...


Qué fina estampa!
Que a ratos me mira,
En la barra,
Y luego en la sala ?
O me estoy ilusionando,
Alucinado...

Qué silueta tan sensual,
Tan refinada!
Qué tranquilidad,
Madre de Dios
O del Demonio?
La quiero
Abrazar...

Qué me toque,
El bajo fondo,
Que tengo
Ahí
Adentro,
Removerlo
Sacarlo
A la superficie...”
Eric Courthès

Manduará
16 de agosto de 2008
19h16

# Posté le dimanche 17 août 2008 21:56

"Pablino"

"Pablino"
PABLINO


Lo encontramos en la vereda del Krowne Plaza, donde estaba esperando bajo la lluvia con cuatro macetitas de yerba mate de Pedro Juan.

Enfrente, en un portal estaba un graffiti de la cruz esvástica para recordarles mejor a los menonitas su procedencia...

En este hotel de lujo de Nuestra Señora de la Asunción, la Embajada de Venezuela organizaba un evento titulado : « Humor con humor se paga. »

Un gordito bocazas estaba en el tablado y gritaba a voces sus chistes perodísticos, los cuales por cierto acarreaban la adhesión general de la asistencia chavista...

Al final pidieron a la gente que participara con humor también, pero sólo un tipo se atrevió a hablar de la Gran República Bolivariana, en términos laudatorios por cierto pero completamente desprovistos de humor...

En realidad, la asistencia estaba esperando con ansiedad el banquete que venía después y de repente todos nos quedamos muditos, en especial el famosísimo crítico lite-ratero MAFA que ya estaba afilando los dientes de ratón de bodega que tiene...

A pesar de su pequeñez, el ratón MAFA fue el primero en entrar al salón de comidas, les ganó a los atletas chavistas más entrenados y se echó encima de los petits fours con mucha avidez...

Ante semejante desparpajo, con el amigo poeta Raúl del Remanso, nos fuimos a fumar a la vereda y ahí lo vimos al caso. Era un tipo bajito, bastante joven, de barbita de chivillo y con una mirada muy aguda, ejercitada en las veredas más peligrosas del Paraguay...

De ahí que le resultara normal a Pablino, estar en la vereda a las 08 de la noche, bajo la lluvia, vendiendo plantitas de mate...

- Y vos pelotudo que hacés por acá ???!!!
- No quieren comprar mate ?
- Mirá, yo estoy de viaje, no voy a llevar yerba a ninguna parte, pero si querés te metemos en el banquete...
- Claro, vamos subiendo amigos !!!

Y lo llevamos arriba, al salón de actas, donde nos topamos con el periodista venezolano y las cámaras de televisión, Pablino figuró al lado del gordito, pura sonriza, con una copita de vino en mano, con sus 4 macetitas esperando el milagro de la compra...

Luego lo hicimos pasar con la gente y se armó el quilombazo con el HDH y unos comensales bien subidos de modales y tonos, por la magia del vino.

En especial, una cincuentona venezolana tetuda, que le quería chupar la pija al pobre chivillo, que ya no tenía nada de vengador. Sólo faltaba el pijudo para llevar al paroxismo aquella agrupación de pura farra, en realidad, penes y coños con patas, en busca de consolador...

Al cabo de dos o tres salidas a la vereda para fumar, cuando ya estaba por concluír la joda y que se iban uno por uno los invitados en 4X4 con chófer, nuestro Pablino estaba en medio de la sala, con la misma copa de vino casi intocado pero completamente tocado por la gracia de los cuentos en guaraní, que le iban saliendo con natural soltura y captaban la atención de los pocos locos que se quedaron hasta el final de la historia...
El ratón ya se había escurrido por una puertita lateral, con un pedazo de queso gruyère entre los bigotes y la satisfacción de haber comido otra vez gratis...

Un amigo poeta me contó después que durante una de mis ausencias, el Pablino le dio un terrible besuco baboso en la boca a la Xiomara tetona, la salsera venezolana, que se lo estaba esperando desde luego, con su boca llena y golosa de mulata de tal almeja, que sólo el tren no le pasó encima...

Un ratito antes de su tercera salida a la vereda, le había succionado al Chivillo el número de celular fingiendo que la había golpeado en la mesa. En realidad tenía unas tetas tan grandes que por todas partes uno chocaba con ellas, lo que le permitía a la salsera ardiente reclutar a novatos para sus bailantas del jueves por la noche, en su casita donde lo echaba todo pa' lante !!!

Al final de este quilombazo, uno de los guardaespaldas vino a verme y me preguntó :

-¿Pero quién lo invitó a este loco ?
-Yo, les contesté con descaro.
-No tiene los certificados fitosanitarios, no puede salir del país!!!
- ¡Me importa un pito que los tenga o no !!! Es un personaje y lo introdujo el propio Roa Bastos!!!

Los tipos se fuero bastante decepcionados, pero a partir de este momento, me pregunté cómo sacarlo al loco del local, porque ya estaba solito en la sala, contando cuentos del mate en guaraní y nadie le hacía caso...

Me reportó luego el HDH que los gorilas se lo habían llevado a la vereda con sus plantitas, agarrándolo cada uno por debajo del brazo.

Perdón Pablino, amigo del alma, por haberte dejado en la vereda, en otra vida, con otra verdad, te devolveremos tu trono de Rey de los Sanos, porque los locos son los que se imaginan que son cuerdos...

Los mismos idiotas que te dejaron plantado en el Salón, con tu mágica caá, Ilex bonplandiana en la mano, pareciendo héroe guaraní salido del monte, habitado por el Don de la Palabra...

Iker Bonpland
08 07 2008

# Posté le mardi 08 juillet 2008 17:29

Modifié le dimanche 27 juillet 2008 15:59

"Agárrate Catalina"

"Agárrate Catalina"
Agárrate Catalina


Agárrate Catalina,
o quién seas,
mirando a la bahía
de Asunción...

Agárrate al mundo
Y sus trampas,
Sus espejismos,
Ilusiones,
Fantasías,
De cuarto de hotel...

Agárrate a la vida,
Aunque sea
la Muerte,
con quien tengas que
coger...

Agárrate al vientito
fresquito de la noche,
a tus sueños,
a tus posibilidades...


Agárrate,
De las chicas del San Roque,
Latinas tetudas,
De ojos azules,
Que te dan ganas,
De amar,
Una última vez...


Agárrate del buen cable,
Para terminar con este infierno,
del mundillo del SIDA,
y de la energía
ya inalcanzable...

Agárrate de los libros,
De Otro,
Y que sea
El más grande,
Augusto Roa Bastos !!!

Agárrate de la dualidad,
De los viajes,
De la escritura,
Date otro sueño,
Otra realidad...

Haciendo bici
Con el Hijo de Hombre,
O remontando el Tevikuary,
Carpincheando,
Pescando algo
De su extrañ-edad..

Iker Vera
Mandu'arâ
06 07 2008
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# Posté le mardi 08 juillet 2008 17:22

Modifié le dimanche 27 juillet 2008 07:54

Feuille de pub "Métaphorismes" et bon de commande

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Presse/Diffusion LITTÉRATURE
13, rue de l'Ecole Polytechnique 75005 PARIS
Tél. : 01 55 42 07 37 / Fax : 01 55 42 05 81


















ISBN : 978-2-296-05560-5 • 138 pages • 13,50 ¤









Augusto Roa Bastos, dans ce petit ouvrage ultime, d'une extrême densité hypertextuelle, (en fait endotextuelle et exotextuelle), nous donne à reconstruire et déconstruire son ½uvre toute entière, y-compris son ½uvre absente.

Il tisse et détisse pour nous un écheveau d'une grande finesse textuelle, où la compréhension globale de l'½uvre laisse place à une extrême fragmentation, la poétique de l'absence et des variations en sont les maîtres mots.

C'est donc bien d'un voyage au bout de son écriture dont il s'agit, et paradoxalement, à la fin du tunnel textuel, c'est son visage et surtout son âme d'homme mûr blessé par l'amour qui apparaît, pas mal pour un penseur qui, tout comme Barthes, se projeta dans la mort de l'auteur.

On ne dira jamais assez que cet auteur, en particulier avec Moi le Suprême, a révolutionné l'écriture, en la mettant en scène, il donne l'illusion parfaite qu'elle s'auto-génère, et en fait même un modèle existentiel pour le lecteur, qui se verra inévitablement projeté dans la ré-écriture.

Illustration de couverture : Isabelle BUGNARD








Augusta ROA BASTOS n'est pas un écrivain du boom, il est beaucoup plus que ça. On trouve en effet dans son ½uvre de nombreux éléments de la littérature latino-américaine : néo-indigénisme, réel-merveilleux, discours sur la dictature et l'exil, mais aussi et surtout une mise en pratique textuelle des grandes théories de la narratologie européenne : implosion du signe et du discours, absence de l'auteur, super lecteur. Il est donc bien celui qui, le mieux, transculture nos deux mondes. Ce grand écrivain paraguayen a reçu le prix Cervantès en 1990, avec Moi le Suprême. Il mériterait d'avoir enfin une reconnaissance du grand public.


Eric COURTHÈS est professeur agrégé-docteur d'espagnol, affilié au CRIMIC SAL, La Sorbonne (Centre Interdisciplinaire de Recherches sur les Mondes Ibériques Contemporains, Secteur Amérique Latine)




Contact pour la promotion de cet ouvrage : Marie-Laure RAYNAUD
Ligne directe : 01 55 42 07 75 / E-mail : marie-laure.raynaud@harmattan.fr
1/2


EXTRAITS

Quelques « aphorismes métaphoristiques »


« (1) Quand on ne peut déjà plus rien faire on écrit. C'est la seule façon de se prouver qu'on existe encore dans la fixité mortuaire de l'écriture.

(7) Ecrire ne signifie pas transformer la réalité en mots, mais faire que le mot soit la réalité.

(8) Quand on écrit on se doit non pas de rendre artificielle la nature des choses, mais de rendre naturel l'artifice des mots.

(9) A travers l'écriture l'incrédule cherche dans l'impossibilité du monde le miracle du possible.

(15) C'est l'auteur qui connaît le moins son ½uvre. S'il la connaissait il l'aurait écrite d'une autre façon, ou il ne l'aurait pas écrite.

(16) Epigraphe d'un auteur ayant la volonté de demeurer inconnu : « Je m'adresse seulement à ceux capables de me comprendre. » Un autre de Jorge Luis Borges : « Je lègue le néant à personne. »

(17) Délire de la transparence : le lecteur, oublié du livre, se retrouve observé et lu par les personnages.

(42) Il devrait y avoir dans notre langage des mots qui aient une voix. Un espace libre. Leur propre mémoire. Des mots qui subsisteraient seuls, qui emporteraient leur lieu avec eux. Un espace où ce mot se produirait identique à un fait.

(142) On écrit toujours pour un lecteur futur qui reçoit un message depuis le passé. Le temps absent s'interpose entre celui qui écrit et celui qui lit.

(143) Aucun auteur digne de ce nom ne peut écrire son propre livre. S'il est honnête il se doit de disparaître complètement dans l'écrit.

(144) On n'invente rien. Seulement quelques légères variations par rapport à ce qu'on a déjà dit et écrit, lu et oublié.

(145) Il est nécessaire d'accumuler beaucoup d'oubli pour écrire quelque chose de nouveau. »


"........................................................................................




BON DE COMMANDE



A retourner aux Editions L'Harmattan, 5- 7 rue de l'École-Polytechnique, 75005 Paris.

Veuillez me faire parvenir ....................... exemplaire (s) du livre :

« Métaphorismes»


au prix unitaire de 13,50 ¤ + Frais de port de 4 ¤ pour le premier ouvrage + 0.80 ¤ par ouvrage suivant, soit un Total de..............Euros.

NOM ......................................................................................

ADRESSE .............................................................................



Merci de faire en sorte d'effectuer vos règlements en euros

Ci-joint un chèque de ........................... Euros

Pour l'étranger, vos règlements sont à effectuer :
- en euros sur chèques domiciliés sur banque française
- par virement en euros sur notre CCP 23 625 44 N Paris
- par carte bancaire (VISA) N°......................... date d'expiration ..../...../.....
- numéro CVx2.......................... (3 derniers chiffres se trouvant au dos de votre carte sur la bande réservée à la signature).
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# Posté le jeudi 15 mai 2008 16:22

Modifié le jeudi 15 mai 2008 16:47